viernes, 20 de diciembre de 2013

POESÍA - CONTEMPLO A MENUDO EL CIELO DE MI MEMORIA por Marcel Proust (*)







Todo lo borra el tiempo como las olas borran
Los trabajos infantiles sobre la allanada arena
Habremos de olvidar estas palabras tan precisas, tan vagas,
Tras las que el infinito sentimos cada uno.
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Todo lo borra todo el tiempo mas no apaga los ojos
Sean de ópalo, de estrella o de agua clara;
Bellos como en el cielo o en un lapidario
Para nosotros arderán con fuego alegre o triste.
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Unos, joyas robadas de su vivo joyero,
A mi corazón lanzarán sus duros reflejos de piedra
Igual que un día en que engastados, sellados en el párpado,
Brillaban con un fulgor precioso y frustrante.
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Otros, dulces fuegos robados también por Prometeo,
Chispa de amor que brillaba en sus ojos
Y que para nuestro amado tormento hemos llevado,
claridades demasiado puras o joyas demasiado preciosas.
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Constelad por siempre el cielo de mi memoria
Inextinguibles ojos de aquellas que amé.
Soñad como los muertos, fulgid como aureolas,
Como una noche de mayo brillará mi corazón.
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Borra como una bruma el olvido los rostros,
Los gestos adorados en otro tiempo a lo divino,
Por quien locos estuvimos, por quienes fuimos sensatos,
Fascinación del error y símbolos de fe.
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Todo lo borra el tiempo, la intimidad de las noches,
Mis dos manos en su cuello como la nieve virgen
Sus miradas que acarician como un arpegio mis nervios
Mientras sobre nosotros sus incensarios la primavera agita.
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Otros, los ojos sin embargo de una mujer alegre,
Así como las penas eran vastos y negros.
Espanto de las noches, de las tardes misterio,
Entre esas mágicas cejas estaba su alma toda.
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Y su corazón era vano como una mirada alegre.
Otros, como el mar tan cambiante y tan dulce,
Nos extraviaban hacia el alma en sus ojos hundida
Como en esas tardes marinas a que lo ignoto nos empuja.
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Sobre tus claras aguas navegábamos, mar de los ojos.
Henchía el deseo nuestras tan remendadas velas.
Y las tempestades pasadas olvidando, partíamos
Sobre las miradas para descubrir las almas.
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Tantas miradas diversas, las almas tan parejas,
Qué decepción para nosotros, viejos prisioneros de los ojos.
Habríamos debido quedarnos a dormir bajo la pérgola.
Pero os habríais marchado igual de haberlo sabido todo.
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Para tener en el corazón estos prometedores ojos
Como un mar de atardecida que sueña con el sol
Inútiles gestas habéis realizado
Para alcanzar el país soñado que, bermejo,
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De éxtasis gemía más allá de las verdaderas aguas
Bajo el arca sacrosanta de una nube que creíamos profética,
Pero es dulce tener para un sueño estas heridas,
Y vuestro recuerdo como una fiesta fulge.
***
En mi cabeza tuve un achacoso pájaro extraño
Que mejor cantaba que las fuentes, que los bosques
—Cuyas solemnes voces sin embargo amábamos —,
Pájaro melancólico y a veces risueño.
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Debía tenerlo por su fragilidad bien cerrado
Contra el frío y el aire sucio y lluvioso de las ciudades.
Entre flores junto al fuego rutilante se quedaba
Cuando el invierno desplegaba sus desolados escenarios.
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Pero, ¡ay!, abrí demasiado la ventana y la puerta,
Buscando la acción, el placer, palabras oscuras:
Alguien había entrado, mortal a sus ojos puros.
¿Quién, pues, había entrado? El amado animal murió.
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¿Quién era el pájaro? ¿Qué celeste llama
Se apagó, me abandonó por el sol?
Algunas veces, despertando sobresaltado del sueño
Que es nuestra vida, me digo: «Era mi alma».
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El pájaro sagrado es nuestro poeta, nuestra alma
El alma es poesía. ¡El pájaro, ay, enmudeció!
Sonámbulos lamentos acariciados o heridos
¿Hacia qué meta corremos olvidando nuestra alma?


(*) La poesía persiguió a Marcel Proust a lo largo de toda su vida; pero, si empezó escribiendo y publicando en alguna revista durante sus años de estudiante, no tardó en derivar hacia la narrativa, que en sus inicios quedó marcada por esos afanes líricos. Su primer libro editado en 1896, Los placeres y los días, viene envuelto por el aura de fin de siglo que acaba de contemplar la disolución del simbolismo y se adentra por una de sus derivaciones: un modernismo difuso del que va a librarse la rigurosa experimentación de Stéphane Mallarmé. El escritor francés Marcel Proust, considerado junto a Kafka y Joyce uno de los nombres propios de la literatura del siglo XX, será uno de los principales protagonistas del nuevo número de la revista cultural 'Turia', que publicará once poemas inéditos del escritor, entre ellos el citado "CONTEMPLO A MENUDO EL CIELO DE MI MEMORIA".




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