martes, 7 de enero de 2014

HISTORIA SECRETA - EL ORO NAZI EN ARGENTINA (parte II)







UNIDOS O DOMINADOS? (parte II)




Viene dehttp://labohemia4.blogspot.com.ar/2014/01/misterios-de-la-humanidad-el-oro-nazi_7.html (parte I)


La pista Evita:

Algunos hombres de la comunidad consultados por este diario explicaron que "no hay que despreciar la pista Evita, es decir, los viajes de la mujer de Perón a Suiza".

José Jakuvovich, sobreviviente del campo de concentración de Dachau fue directo cuando La Nación lo entrevistó: "en el libro sobre el juicio de Nremberg hay un documento importantísimo. Es una carta de un jerarca nazi a otro, escrita antes del fin de la guerra, y en la que le dice: "Perón tiene una amiga que nos va a ser de gran utilidad. Se llama Eva`. Ella todavía no se había convertido en su esposa".

Jakuvovich dice más: "Perón le declaró heroicamente la guerra a Alemania por un acuerdo previo. Los norteamericanos pretendieron entonces atrapar al agregado alemán en Buenos Aires. Evita lo protegió, lo abrigó con el tapado militar de Perón y lo llevó hasta la frontera con el Brasil.

"¿Quiere más datos? Mi mujer es de la zona de Dolores y recuerda cuando en Madariaga bajaban alemanes con cofres", dice este sobreviviente.

Cuando la guerra empezó a definirse a favor de los aliados, en la Argentina crecieron inusualmente las inversiones alemanas: una cuenta en Suiza a nombre del hermano de Eva Perón reavivó las sospechas.

La parte del tesoro nazi que llegó a la Argentina nunca fue, como muchos han querido imaginarla, una gigantesca montaña de lingotes de oro al estilo Alí Babá. El oro llegado a estas playas fue sólo una parte ínfima de los valores transferidos, y a lo largo de medio siglo hubo sobradas oportunidades de reciclarlo y convertirlo en bienes más negociables y menos sospechosos.

La pista seria para rastrear esta fortuna no pasa por el oro -que lo hubo- sino por las empresas de capitales alemanes radicadas en el país entre 1942 y 1944. Un informe del Departamento de Finanzas de los Estados Unidos, fechado en 1946, da cuenta del establecimiento de 98 firmas durante ese período, constituidas mediante transferencias giradas desde Berlín a Buenos Aires. Los giros llegaban al Banco Central, y desde allí se derivaban a las sucursales locales del Deutsche Bank, del Banco Alemán Transatlántico, y del Banco Germánico del Río de la Plata.

Esta ola de inversiones se produjo en el momento mismo en que el curso de la guerra empezaba a definirse en favor de los Aliados, y representó un crecimiento inusual: Entre 1900 y 1942 se habían establecido en la Argentina 202 firmas de origen alemán, y sólo en los dos años siguientes se establecieron las otras 98.

El investigador francés Philippe Aziz va un poco más allá y asegura que en 1942 Joseph Goebbels, el ministro de propaganda nazi y hombre de confianza de Adolf Hitler, habías depositado en un banco de Buenos Aires, bajo nombre falso, la suma de 1.850.000 dólares.

En marzo de 1945, tras la tardía declaración argentina de guerra al Eje, muchas de aquellas empresas fueron nacionalizadas y puestas bajo la órbita de una llamada Junta de Vigilancia de la Propiedad enemiga. Otras nunca fueron vigiladas y un año más tarde, en 1946, hasta fueron contratadas por el Estado peronista para trabajar en órbitas públicas como el aeropuerto de Ezeiza.

Las otras pistas

Además de estas empresas -cuyo capital sumado es incalculable- hay por lo menos dos puntos de aproximación a la pista argentina del tesoro. Uno es el de las obras de arte robadas en Europa por las bandas de Hermann G”ering, y el otro el de los submarinos nazis desembarcados clandestinamente en playas patagónicas entre febrero y julio de 1945.

*A fines de los sesenta fue encontrada en Buenos Aires una pintura del maestro veneciano Francesco Guardi que había pertenecido a los Hatvany, una familia húngara emparentada con la nobleza. Los nazis la habían robado en un castillo de los Cárpatos.

*Otros Guardi, más Canalettos y algunas Braque confiscado en Francia a familias judías, también pasaron por la Argentina a través de la galería Wildenstein, fundada en 1941 y ya desaparecida.

El otro punto, el de los submarinos llegados clandestinamente a la Argentina, ya no es una historia tan secreta y se sabe que al menos dos entre una docena de naves trajeronvalores: una a San Clemente del Tuyú, el 7 de febrero de 1945, y la otra a Quequén, el 27 de julio del mismo año.

La gran pregunta, en todo caso, es si una parte de esos valores en acciones, obras de arte, joyas y dinero efectivo, fueron pagados a alguien en la Argentina a cambio de protección. El mítico viaje de Eva Perón a Europa, entre junio y agosto de 1947, puso al rojo esa sospecha.

El viaje de Eva

En España, Eva estuvo reunida con Hjamar Schacht -mago de las finanzas hitlerianas y posteriormente asesor en el Banco Central argentino-; en Italia amadrinó el viaje a Buenos Aires de Ante Pavelic y su horda de nazis croatas; en Portugal dedicó fotografías al mariscal fascista Rodolfo Graziani, y en Suiza hizo los movimientos más secretos que hicieron pensar que había llegado hasta allí para depositar aquellos fondos.

El velo recién comenzó a correrse a principios de los años sesenta cuando Perón -que estaba convencido de que su esposa había abierto en Suiza cuentas cifradas- envió cuatro misiones a Berna para develar el misterio. De los cuatro enviados (Jorge Antonio, Vicente Saadi, Isabel Martínez y Américo Barrios) sólo el viaje de Antonio dio resultado:en la Societé de Cret Suisse, el financista encontró una caja de seguridad vencida a nombre de Juan Duarte, quien había integrado la comitiva oficial de su hermana durante el viaje. Lo último encontrado sobre el tema es un documento de la CI) fechado el 23 de marzo de 1972 pero exhumado hace un mes, donde se dice que "Eva Perón pudo haber concretado un depósito por millones de dólares en un banco suizo durante su viaje a Europa en 1947".

El tesoro nazi ya ha dejado de ser una leyenda. La sospecha que hoy ronda sobre él no es qué parte llegó a estas playas, sino que se haya reciclado en fuertes holdings multinacionales que medio siglo después de fundados continúen operando con volúmenes, ramificaciones y socios impensados.

La posibilidad de que el oro robado a los judíos por los nazis durante la Segunda Guerra sirvió a los fines políticos de Juan Perón es aún hoy un misterio difícil de aclarar.

Las versiones sobre la existencia del tesoro del Tercer Reich en la Argentina, se originaron en 1946 , cuando los EE.UU. publicaron el Libro Azul, que vinculaba directamente al gobierno militar y a Perón, con la ayuda y protección a los nazis en el hemisferio. Caído Perón, en 1955, Sivano Santander, publicó una obra clave al respecto, titulada: "Técnica de una Traición. Juan D. Perón y Eva Duarte. Agentes del nazismo en la Argentina".

En ese libro, Santander afirmaba que el embajador alemán en la Argentina, von Thermann, había consignado la entrega de cheques de 33.600 pesos a Eva Duarte, y de 200.000 al mismo coronel Juan Domingo Perón. Supuestamente, este dinero, se había entregado a cambios de servicios prestados al régimen nazi. Según este autor, el dinero nazi llegó en gran parte al país desde 1938, superando los tres mil millones de pesos en esa fecha. En plena derrota del nazismo los fondos continuaron llegando, por valijas diplomáticas, aviones y submarinos.

Llegaban en forma de oro, de platino, de dinero, o títulos y acciones. Para fines del período, Santander contabilizaba que los capitales nazis en el país superaban los 35 mil millones de pesos.

En su opinión, el control de el dinero, a comienzos de la década del cincuenta, pasaba por las manos de Ricardo Leute, Ludwing Freude (muy vinculado a Perón) y Ricardo Staud. El dinero habría servido para solventar la campaña política de Perón.

Más tarde el control del tesoro habría sido motivo de enfrentamiento entre los magnates alemanes y Perón, que pretendió que la suma depositada en cajas fuertes del Banco Oficial de Suiza por Eva Perón, no podía ser retirada por la muerte de ésta. Santander relacionó estos hechos con la misteriosa muerte de Juan Duarte.




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