lunes, 27 de enero de 2014

LIBROS- CARTA A LOS PODERES (1925) de Antonin Artaud






EL PODER DEL PENSAMIENTO




"No ha quedado demostrado, ni mucho menos, que el lenguaje de las palabras sea el mejor posible"                             -Antonin Artaud





En 1920, a la edad de 24 años Antonin Artaud llega a París con la intención de consagrarse al teatro. Se vincula entonces con Charles Dullin que acaba de fundar el "Théâtre de l'Atelier", participando como actor, decorador y realizador. Hace ya tiempo que Artaud se interesa en las actividades del grupo surrealista. En 1923, en el atelier de André Masson, entra en contacto con Robert Desnos, Michel Leiris y Miró, quienes poco tiempo más tarde lo presentan a André Breton y al grupo surrealista que acaba de organizarse alrededor del Primer Manifiesto. 

Es la época de la aparición de "La Revolución Surrealista", órgano del movimiento. Adhiere inmediatamente y se convierte en uno de los principales portavoces de la ideología: "A pesar del poco tiempo transcurrido desde que Artaud se había unido a nosotros, nadie, como él, supo entregarse tan espontáneamente al servicio de la causa surrealista... Lo poseía una especie de furor que no perdonaba, por así decir, ninguna de las instituciones humanas, pero que podía, ocasionalmente, resolverse en un estallido de risa por el que pasaba todo el desafío de la juventud. No sorprende que este furor, por el enorme poder de contagio que poseía, haya influido profundamente en la trayectoria surrealista..." (André Breton, "Entretiens", Gallimard, 1952).

A comienzos del año 1925 el grupo funda una Central de Investigaciones Surrealistas, cuyo objetivo inicial es recoger todos los datos posibles en lo que concierne a las formas que puede adoptar la actividad inconsciente del espíritu. Artaud, al asumir poco después la dirección, se esfuerza por convertirla en un centro de reordenamiento de la vida. El surrealismo, más que creencias, registra un cierto orden de repulsiones. Es ante todo un estado de espíritu y no determina recetas. El grupo le confía entonces la dirección de La Révolution Surréaliste, que hasta ese momento estaba a cargo de Péret y Naville. 

Artaud toma la iniciativa de redactar la mayor parte de los textos que se publican en ese número, dando un giro inesperado al tono de la publicación: "Aquí el lenguaje se desprende de todo lo que podía darle un carácter ornamental, se sustrae a la ola de sueños de la que habló Aragón, y surge templado y resplandeciente, pero resplandeciente a la manera de un arma..." (André Breton, "Entretiens", Gallimard, 1952).

Sus textos, impregnados de un abierto ardor insurreccional, están redactados en forma de cartas abiertas y dirigidos contra aquellas instituciones o sus representantes frente a los cuales el surrealismo comienza a organizar ya su clamor de protesta. Para los fines de la presente edición, creímos justificado agruparlos bajo el título general de "Carta a los Poderes".

Desde el primer texto "¡A la mesa!", que figura como editorial de la revista, una voz profética y exaltada por una violencia que inquietaba aún a sus propios compañeros, lanza un ataque frontal contra el "espíritu" lógico y sus "poderes" de opresión, que de siglo en siglo han ido instrumentando la liquidación del hombre. En las cartas siguientes precisa los términos de su denuncia contra ese "espíritu" fabricado en las Universidades, reivindicado en los Hospicios y "transfigurado" en Roma. Queda el llamado a un oriente dialéctico, a través de las cartas al Dalai Lama y a las Escuelas de Buda, donde podemos adivinar - a la luz del romanticismo surrealista - un eco del "Viaje al Oriente" nervaliano.

Pero no hay que apresurarse en reconocer aquí a un oriente histórico, sino más bien a un "oriente interior", negación donde se transfiere todo lo que el occidente no es. Veinte años mas tarde, la voz de Artaud, convertida en grito después de su pasaje per el hospicio de Rodez, descargará con la violencia del anatema todas sus baterías contra ese oriente y su "espíritu" que como todo "espíritu" se aplicó en torturar a la vida. Estas cartas, junto con "L'Ombilic des limbres" y "Le pèse-nerfs", representan el comienzo de una desgarradora experiencia, de una zambullida en su interioridad, interioridad que "está abierta por el vientre, y por abajo acumula una intraducible y sombría ciencia plena de mareas subterráneas, de edificios cóncavos y de una agitación congelada".

Artaud es autor de una vasta obra que explora la mayoría de los géneros literarios, utilizándolos como caminos hacia un arte absoluto y "total". Sus tempranos libros de poemas anuncian ya el carácter explosivo de su obra posterior. Es más conocido como el creador del teatro de la crueldad (El teatro y su doble, 1938; Manifiesto del teatro de la crueldad, 1948), noción que ha ejercido una gran influencia en la historia del teatro mundial.




No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte.
Y si todavía quedan prejuicios hay que destruirlos.
"El deber"
digo bien
"EL DEBER"
del escritor, del poeta, no es ir a encerrarse cobardemente en un texto, un libro, una revista de los que ya nunca más saldrá, sino al contrario salir afuera
para sacudir
para atacar
al espíritu público
si no
¿para qué sirve?

Antonin Artaud (Introducción, CARTA A LOS PODERES) 



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