viernes, 9 de mayo de 2014

CASOS POLICIALES - LA DALIA NEGRA, parte II









EL GRAN SUEÑO AMERICANO (parte II)




La muerte de Beth Short es un misterio. Estamos lejos en el tiempo y es difícil precisar quien pudo haber sido. Pero a finales del siglo XX algo se empezó a esclarecer. Una traza hacia la verdad oculta detrás del mito policial mas paradigmático en la historia de la ciudad angelina: un policía local acusó a su padre, el médico George Hodel, de ser el asesino de Beth Short. Su sospecha comenzó cuando encontró un álbum de fotos de su padre donde había muchas de Short desnuda. Como su padre era un médico consumado no le habría resultado difícil dividir un cuerpo a la mitad. Además, había cierta fascinación de Hodel por el surrealismo y la fotografía.

Ahora bien, quizá el detalle que más puso en evidencia la posible implicación de Hodel haya sido que era amigo del artista Man Ray quien en su obra El Minotauro se observaban caprichosas similitudes con el cadáver de la Dalia Negra. Para el hijo de Hodel, su padre había convertido el asesinato en una retorcida expresión artística. Expresión artística que haría inolvidable su crimen y por el cual, finalmente, Beth Short terminaría en el celuloide...de la forma menos pensada.




En busca de un culpable



El cuerpo de Elizabeth Short fue encontrado en el distrito de Leimert Park de Los Ángeles el 15 de enero de 1947. Sus restos habían sido dejados en un terreno baldío al lado oeste del sur de Norton Avenue entre la calle Coliseum y la calle West 39th. El cuerpo fue descubierto por una residente local llamada Betty Bersinger, que estaba caminando con su hija de tres años.  Su cuerpo severamente mutilado había sido cortado en la cintura y drenado de sangre,  y su rostro estaba cortado desde la comisura de los labios hacia las orejas, llamada la Sonrisa de Glasgow. El cuerpo había sido lavado y limpiado y la habían colocado con sus manos sobre su cabeza y sus codos doblados en ángulo recto. Le fueron arrancados el bazo, el corazón y los intestinos.

La autopsia indicó que Short medía 1.65 metros, pesaba 52 kilogramos y tenía ojos azules, cabello marrón y dientes cariados. Había marcas en sus tobillos y muñecas hechos por una cuerda. Existían evidencias de que había sido obligada a comer excremento. Aunque el cráneo no estaba fracturado, Short tenía moretones en la parte frontal y derecha de su cuero cabelludo con una pequeña cantidad de sangre en el espacio subaracnoideo en el lado derecho, consistentes a los golpes en la cabeza. La causa de la muerte fue la pérdida de sangre de las laceraciones del rostro combinado con el shock de una conmoción cerebral.


Debido a la estrecha relación de los agentes de la ley con la prensa en la América de los años 40, muy pocas horas después hubo una filtración, lo que provocó que algunos reporteros de Los Angeles Examiner usaran una treta poco ética, más bien bochornosa, para conseguir información sobre la misteriosa Short: telefonearon al domicilio de su madre, Phoebe Short, residente en Cambridge, Massachusetts, y le dijeron que su hija –entonces el FBI todavía no le había informado sobre el crimen– había ganado un concurso de belleza. Así obtuvieron numerosos datos sobre su vida, antes de comunicarle, en la misma conversación, que Elizabeth había sido brutalmente asesinada.

El 23 de enero de 1947, el asesino llamó al editor del periódico Los Angeles Examiner, expresando su preocupación porque no estaban siguiendo de cerca la noticia del asesinato. Entonces ofreció enviar elementos pertenecientes a Short al editor. Al día siguiente llegó un paquete al periódico que contenía el certificado de nacimiento de Short, tarjetas, fotografías, nombres escritos en pedazos de papel y una libreta de direcciones con el nombre Mark Hansen en la tapa. Hansen, la última persona conocida que vio a Short con vida (el 9 de enero) se convirtió en el primer sospechoso. El asesino luego escribió más cartas al periódico, llamándose a sí mismo "el Vengador de Black Dahlia". El 25 de enero, una bolsa y un zapato de Short fueron encontrados en un cubo de basura a corta distancia de Norton Avenue. Debido a la notoriedad del caso, más de 50 hombres y mujeres confesaron el asesinato y la policía se saturó con información cada vez que un periódico anunciaba el caso o un lanzamiento de libro o película. El sargento St. John, un detective que trabajó en el caso hasta su jubilación dijo: "Es asombroso cómo muchas personas señalan a un pariente como el asesino."

Gerry Ramlow, un reportero de Los Angeles Daily News dijo, "Si el asesinato nunca se resolvió se debió a los reporteros... Estaban en él, pisoteando pruebas, reteniendo información". A la policía le llevó tiempo tomar control total de la investigación, y los reporteros recorrían libremente las oficinas de departamentos, se sentaban en sus escritorios, y respondían los teléfonos. Mucha información del público no fue pasada a la policía, ya que los periodistas se apresuraban a obtener las "primicias."

Los periódicos de William Randolph Hearst, Los Angeles Hearld-Express y Los Angeles Hearld-Examiner frivolizaron el caso: el traje negro a medida en el que Short se vio por última vez se transformó en "una falda apretada y una blusa escarpada" y Elizabeth Short se convirtió en "Black Dahlia", una "aventurera que merodeaba Hollywood Boulevard". Con el tiempo, la cobertura de los medios de comunicación se volvió más extravagante, con demandas en su estilo de vida que la "hizo una víctima de su estilo de vida", cuando de hecho aquellos que la conocían informaron que Short no fumaba, bebía o jugaba.


Mientras The Washington Post publicaba titulares tan sensacionalistas como el siguiente: “La policía busca a un loco pervertido por la muerte de una chica”, el departamento policial de Los Angeles –LAPD– desplegaba el mayor dispositivo de búsqueda de la historia de la ciudad californiana. Doscientos cincuenta oficiales realizaron entrevistas puerta a puerta en los alrededores del solar donde fue hallado el cadáver, pero se encontraron con un callejón sin salida. Múltiples pistas falsas, confesiones confusas y llamadas de desconocidos convirtieron el ritmo de trabajo de la comisaría de Los Angeles en frenético, pero sin llegar a ningún resultado efectivo.


Según informes de prensa poco después del asesinato, Short recibió el apodo de "Black Dahlia" o "Dalia Negra", en Long Beach en el verano de 1946, como una referencia en ese momento de la película The Blue Dahlia. Sin embargo, los investigadores del condado de Los Ángeles dijeron que el apodo fue inventado por los reporteros de periódicos que cubrían el asesinato. En cualquier caso, a Short no se la conoció como la "Dalia Negra" en vida.

Un número de personas (de las cuales ninguna conocía a Short en vida), contactó con la policía y a los periódicos afirmando haberla visto durante la primera semana de su desaparición, es decir, entre el 9 de enero y el momento en que su cuerpo fue encontrado el día 15 del mismo mes. La policía y los investigadores de Los Ángeles descartaron cada uno de estos supuestos avistamientos.






En más de una ocasión los detectives creían estar tras la pista correcta, muy cerca del asesino, pero el tiempo pasaba y el horrendo crimen seguía impune. Betty Bersinger, la mujer que encontró el cadáver, dijo haber visto pasar poco después el faro de un coche que había acelerado al oír su grito, aunque no recordaba ningún detalle del automóvil, por lo que su declaración sirvió de muy poco a los detectives. La última persona en ver a Short con vida, aparte de su asesino, había sido el portero del hotel Biltmore, la noche del 10 de enero de 1947, a las diez en punto, cuando la vio alejarse por Oliver Street, vestida como lo hacía habitualmente, con un sweater y pantalones negros.

Al parecer el último que pasó un tiempo con ella fue un comerciante de 25 años llamado Robert “Red” Manley, que la recogió en San Diego y finalmente la dejó en el lobby del citado hotel Biltmore. Tras las correspondientes pesquisas, Manley fue interrogado durante horas por los detectives y sometido al polígrafo, prueba que pasó con éxito. Años después, en 1954, los agentes le inyectaron pentotal sódico, conocido popularmente como “droga de la verdad”, pero de nuevo fue absuelto de todo tipo de cargos, muriendo en 1986 rodeado todavía de la desconfianza de muchos. Manley fue durante un tiempo el principal sospechoso, pero no el único, y muchas personas afirmaron haber sido las autoras del mismo o que conocían personalmente al asesino.

Todas las pistas resultaron ser falsas. Pocos días después de hallado el cadáver, dos oficiales de policía que discutieron sobre el caso en un restaurante fueron señalados como sospechosos por uno de los camareros del lugar; un astrólogo preguntó la hora y fecha exactas del nacimiento de Elizabeth en comisaría y prometió proporcionar el nombre del asesino en pocos días… cosa que nunca hizo. Asimismo, otra persona pidió que tomasen imágenes del globo ocular derecho de la víctima, pues éste podría haber “fotografiado” al asesino, según una creencia muy extendida entonces entre los círculos supercheriles según la cual el ojo registraba la última imagen con la que había entrado en contacto, a modo de una cámara fotográfica.

Anécdotas aparte, la policía angelina realizó uno de sus mayores despliegues hasta la fecha para detener al asesino. Cientos de personas fueron consideradas sospechosas y cientos interrogadas por los agentes. Alrededor de 60 hombres y otras tantas mujeres confesaron ser los autores del crimen, quizá ávidos por obtener fama y gloria, aunque todos ellos se contradecían a la hora de declarar, demostrando que los datos que aportaban los habían leído en los periódicos. Junto a “Red” Manley, otro de los sospechosos con más posibilidades a ojos de los detectives de ser el asesino respondía al nombre de Jack Anderson Wilson, alias Arnold Wilson, un ex convicto y alcohólico que al parecer mantuvo una relación sentimental con la víctima.

Wilson fue entrevistado por el autor John Gilmore mientras éste recopilaba información para un libro sobre el caso titulado Severed: The truth story of the Black Dahlia Murder. El ex convicto al parecer estaba relacionado con otros asesinatos, como el de Georgette Bauerdorf, una acaudalado vividor que al parecer conoció a la Dalia Negra en la famosa Hollywood Canteen, sin embargo, nunca se pudo demostrar su implicación en ambos crímenes, ya que Anderson Wilson murió en circunstancias extrañas antes de ser formalmente acusado de algún cargo. Al igual que en el clásico caso de Jack el Destripador, la precisión quirúrgica con la que el asesino había seccionado el cuerpo de Beth hizo pensar a las autoridades que se trataba de un médico con años de experiencia. Según declaró el detective Harry Hansen, uno de los investigadores asignados originalmente al caso, ante el Gran Jurado del distrito de Los Angeles, estaba convencido de que el depravado asesino se trataba de un “excelente cirujano”.

La falta de pruebas, sin embargo, hizo imposible acusar del crimen a ninguno de los sospechosos. En 1996, Larry Harnisch, un editor y escritor de Los Angeles Times planteó la posibilidad de que el asesino de Short fuera el cirujano Walter Alonzo Bayley, que vivía cuando sucedieron los hechos cerca del lugar donde fue hallado el cadáver y que murió en enero de 1948 de una enfermedad mental degenerativa. Al parecer su hija había sido amiga de una de las hermanas de Elizabeth, Virginia Short, sin embargo, nunca se le pudo acusar formalmente; sin duda su imposibilidad de declarar fue una de las razones por las que fue descartado como culpable.

El caso, por tanto, sigue sin resolverse, ya hace décadas que se convirtió en la cuenta pendiente de varias generaciones de policías que, ante la aparición de nuevas pruebas, siempre pretenden reabrir el mismo. La lista de sospechosos fue tan larga como infructuosa, y en ella se incluyeron también los nombres de personajes de mayor relevancia que los citados, como el célebre Orson Welles o el gángster Bugsy Siegel, creador de Las Vegas e implicado en múltiples asesinatos a lo largo de su vida. Sin embargo, muchos de estos supuestos “sospechosos” no eran sino los protagonistas de delirantes hipótesis de periodistas y escritores varios.

Se llegó incluso a afirmar que su asesinato podría haber sido consecuencia del rodaje de una “Snuff movie”, aunque hoy día esta hipótesis es considerada poco probable. El mayor misterio en torno al asesinato de la Dalia Negra tuvo lugar cuando nueve días después del atroz suceso, alguien –probablemente el asesino–, envió a la redacción de Los Angeles Examiner un paquete impregnado con gasolina probablemente para evitar que hallaran sus huellas en el envoltorio. En su interior se encontraban algunos objetos personales de la víctima: fotografías, su certificado de nacimiento, su tarjeta de la seguridad social y su obituario. Además, alguien que decía ser el asesino utilizó letras recortadas de los periódicos que hablaban del caso para enviarle mensajes a la policía en los que afirmaba que volvería a matar.

Pero ni siquiera este desafío del asesino sirvió a uno de los departamentos de policía por aquel entonces más adelantados y modernizados del mundo para dar con el culpable. Hoy su caso permanece en la memoria colectiva de los estadounidenses, junto a otros tan célebres como el de la Familia Manson o el del Carnicero de Milkwaukee, aunque sin resolverse…

Nadie ha podido hacer justicia y devolver la integridad a una persona, la joven Elizabeth Short, que lejos de hallar en el país de las oportunidades una vía para alcanzar su sueño, encontró la muerte, tan terrible, en las calles de una ciudad de celuloide castigada por el crimen, el alcohol y la falta de expectativas de sus habitantes. No se encendieron los focos ni se levantó el telón para dar la bienvenida a Elizabeth. Su última y horripilante visión fue probablemente el resplandor de un cuchillo afilado.



Clip - Misterios sin Resolver, "La Dalia Negra":







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