lunes, 5 de mayo de 2014

VIDA & OBRA - J.D. SALINGER (1919-2010)






EL MITO DEL GUARDIÁN OCULTO




Con sólo cuatro libros publicados en vida, J.D. Salinger se convirtió en uno de los autores más queridos de las letras del Siglo XX. Pero su vida está rodeada de enigmas y sombras. Dejó de publicar a los 44 años, recluyéndose en una granja. Su gran novela, "El guardián entre el centeno", macabremente, inspiró al asesino de John Lennon. Aunque luchó en la Segunda Guerra Mundial, nunca escribió directamente sobre esa experiencia. 

J. D. (Jerome David) Salinger nació el 1 de enero de 1919 en Manhattan, Nueva York (Estados Unidos), hijo de Marie Jilich, una mujer católica de origen irlandés, y de Sol Salinger, polaco de religión judía que había emigrado a los Estados Unidos para dedicarse con éxito a la venta de productos alimenticios. Estudiante poco brillante, desde su adolescencia se dedicó a escribir relatos. Salinger, llamado Sonny y Jerry cuando era un niño, acudió durante dos años a la academia militar Valley Forge de Pennsylvania. Tras pasar brevemente y sin éxito por varias universidades, entre ellas las Columbia, Ursinus y Nueva York, intervino en la Segunda Guerra Mundial, llegando a ser graduado como sargento y a participar en el desembarco de Normandía.

Después del conflicto bélico, J. D. Salinger consiguio publicar algunos relatos en la revista “The New Yorker”. El escritor cumple con su sueño de publicar sus cuentos en el semanario, incorporándose al selecto club de los que reciben una asignación anual a cambio de otorgarles el primer derecho de tanteo. A finales de la década de los cuarenta ya se ha convertido en un acontecimiento, pero no tarda en dar muestras de que no soporta injerencias en la forma de entender y de manejar su trabajo. Uno de sus relatos más populares, en el que volcó sus traumáticas experiencias bélicas, fue “For Esme – With Love and Squalor”.


Unos meses después, la revista Story, que dirigía el propio Burnett, publicaba el primer cuento suyo, The young folks. Salinger comenzó a ser conocido en 1948, gracias a algunos cuentos publicados fundamentalmente en el prestigioso The New Yorker y, tres años más tarde, como producto del resonante éxito de El guardián entre el centeno, tal vez una de las más bellas narraciones de iniciación que se hayan escrito nunca. Esta novela, cuyo protagonista es el legendario Holden Caulfield (especie de Huck Finn de la clase media americana) es la más importante por cuanto ha reflejado mejor que ninguna a la juventud americana y ha contribuido a modelarla.

Salinger escribió posteriormente una serie de relatos que reunió en un libro también muy elogiado, Nueve cuentos (1953), algunos de cuyos textos se consideran antológicos, como "Un día perfecto para el pez banana", donde el personaje central se mata por un exceso de felicidad, o "Para Esmé, con amor y escualidez". En ellos, el autor crea atmósferas extrañas, casi irreales y sin embargo enclavadas en la cotidianeidad norteamericana, con sus suicidas y sus personajes atormentados o trágicamente felices. Sus cuentos, a pesar de desarrollarse en un estilo terso y realista, producen la impresión de una escritura que se examina a sí misma, no en el sentido paródico o de metaficción, sino más bien como una conciencia colectiva que encarnara en el narrador. Salinger, por otra parte, anticipa en ellos las nuevas maneras de contar que se manifestarían en las generaciones subsiguientes.

Además de los ya mencionados, escribió también algunos relatos más largos, de una extensión que oscila entre el cuento y la novela, que son otras tantas obras maestras de ambigüedad y extrañamiento, como Levantad, carpinteros, la viga del tejado (1963). A partir de este último año interrumpió su relación con los medios de comunicación, con lo cual dejó de conceder entrevistas y no hizo declaraciones de ningún tipo. En 1965, el semanario The New Yorker publicó su última narración, Hapworth 16, 1924, reeditada como volumen independiente en 1996.

En 2000 su hija, Margaret, publicó unas memorias tituladas Dream Catcher (El guardián de los sueños), que lo retrató como a un hombre consagrado a su obra y tiránico con sus familiares. Salinger fue un personaje misterioso, esquivo con los medios de comunicación, y del que apenas se conocen imágenes. Huyó de los focos y del ruido mediático. Sólo concedió una entrevista, en 1974 a The New York Times y por vía telefónica, para defender su vida privada.

Deja de ofrecer sus relatos a las revistas que les cambian los títulos. Jura no volver a vender los derechos de ninguno de ellos al cine al ver cómo Hollywood transforma El tío Wiggily en Connecticut en la azucarada cinta Mi loco corazón (llega a rechazar a Billy Wilder). Sólo concede una entrevista tras la aparición de El guardián… y exige retirar su foto a la tercera reedición. Se muestra furioso con muchas de las interpretaciones dadas a su única novela y, sobre todo, con el acoso de los que a raíz de ella lo toman por una suerte de gurú con ­respuestas sobre el sentido de la ­existencia.

Las críticas a la deriva críptica de sus últimos cuentos lo abocan a decidir dejar de publicar en 1965, con tan sólo cuatro libros en circulación. Cinco años después, devuelve a su sello estadounidense el adelanto de 75.000 dólares por una quinta obra pactada que ya jamás vio la luz. Tuvieron lugar dos intentos abortados de romper su silencio literario: en 1979 retiró un cuento para The New Yorker a punto de entrar en la imprenta, y en 1997 tumbó la publicación en forma de libro de su último relato, Hapworth 16, 1924, en una modesta editorial de Virginia al conceder su responsable una entrevista a una revista de ínfima tirada. Había alcanzado el puesto número tres en los encargos por anticipado de la librería electrónica Amazon.

La periodista Betty Eppes, del Baton Rouge Advocate, dedicó sus vacaciones de verano de 1980 a intentar localizar y hablar con Salinger, lo que consiguió viajando en coche hasta Windsor (Connecticut) y poniéndose a investigar y a montar guardia en el pueblo. En una entrevista para el libro ahora publicado explica que su presa le dijo: “Estoy harto de que me cojan por banda en los ascensores, de que me paren por la calle y de gente que se mete en mi propiedad privada. He dejado mi posición bien clara desde hace treinta años. Quiero que me dejen en paz, completamente en paz. ¿Por qué no puedo vivir tranquilo?”. Según Eppes, Salinger defendió enérgicamente la idea de que uno debería escribir para sí mismo, que sólo la escritura importaba.

Donde la figura de Salinger sale gravemente maltrecha y está sometida a mayores cargas de artillería rumorológica es en sus tratos con el otro sexo. La principal controversia nace de su afición a entablar relaciones con chicas muy jóvenes, ya fueran sentimentales, en calidad de pigmalión, o con el objetivo de obtener modelos para sus historias, exprimiéndoles al máximo el néctar de su inocencia. Todas ellas habrían estado cortadas por una patrón físico similar y habrían sido abandonadas al crecer o una vez hubieran mantenido relaciones sexuales con él.

Una teoría es que la ruptura con la edénica Oona O’Neill –hija del dramaturgo y premio Nobel Eugene O’Neill y aspirante a actriz, quien a los 18 años optó por casarse con Charles Chaplin, con quien tuvo ocho hijos– lo condenó a “que se pasara la vida prendado de una relación que al parecer no se consumó nunca. Más tarde reproduciría aquella relación con una serie de mujeres muy jóvenes. Las mujeres que vinieron después de Oona fueron simples máquinas de viajar en el tiempo”, según David Shields.

Jerome David Salinger se casó en tres ocasiones: su primer matrimonio, con una doctora alemana que podría haber sido una agente de la Gestapo, fue anulado; del segundo con Claire Douglas, inspiración para su relato Franny, nacieron sus dos hijos, Margaret y Matthew, y el tercero, con Colleen O’Neill, 40 años menor que él, se produjo en secreto cuando el autor ya era anciano y pudo haber sido fruto de un acuerdo con el que blindar jurídicamente a la mujer que le hizo de enfermera en la última etapa de su vida.

Las atrocidades de las que fue testigo Salinger durante la Segunda Guerra Mundial lo propulsaron, desde finales de la misma década de los cuarenta, a la búsqueda de algún tipo de brújula interior que trajera serenidad a su existencia, empapándose de textos sagrados indúes y de retiros espirituales. Halló el camino en la filosofía y la religión orientales, principalmente en el vedanta, cuyos preceptos dictarían los pasos más relevantes que tomar. Era una vida de sencillez, con énfasis en la naturaleza y la espiritualidad. Paradójicamente, los autores concluyen que lo que le salvó el alma arruinó su escritura, al entender de forma creciente sus relatos como un medio desde el cual propagar sus creencias.

Después de la guerra, su vida se volvió por encima de todo una búsqueda de la curación religiosa y de la identidad religiosa, era un hombre roto en busca de sanación. Hay dos fronteras cruciales en la vida de Salinger: el antes y el después de la guerra, y el antes y el después de la religión. La guerra lo destruyó como hombre, pero lo convirtió en un gran artista; la religión le ofreció consuelo espiritual tras la guerra, pero destruyó su arte.




Obras seleccionadas:



    -The Catcher in the Rye (1951) [El cazador oculto (trad. 1961) / El guardián entre el centeno (trad. 1978)]

    -Nueve cuentos (1953)

    -Franny y Zooey (1961)

    -Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción (1963)




4 comentarios:

  1. Muy buena reseña de una vida muy especial.
    Saludos.

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  2. Leí el guardián entre el centeno y también he investigado sobre la influencia que este libro ha tenido en algunos famosos asesinos. Escribí un ensayo en el que una porción la dedico al proyecto MK ULTRA y su relación con e libro, me gusto mucho este tema, saludos

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    1. Muchas gracias por tu lectura y aporte Alejandra, y me gustaria poder leer tu ensayo si está publicado. Saludos!

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