lunes, 30 de junio de 2014

ARTE VISUAL - EL ÀRBOL DE LA VIDA (1909) de Gustav Klimt







En el periodo que Klimt estuvo pintando esta obra se encuentra en unos de los momentos más importante de su vida profesional. En 1904 comienza los dibujos para la decoración del Palacio Stoclet de Bruselas, que finalizó en 1909. En 1908 se encuentra en lo más alto de su carrera, con algunas de sus pinturas más famosas como El beso, Dánae y Judith II.

Klimt aparte de ser pintor también fue decorador, y el árbol de la vida fue una de sus últimos trabajos decorativos. El árbol de la vida es una parte de la decoración que Klimt hizo para el palacio de Bruselas. Klimt se encargó del diseño de la decoración del salón comedor, en cuya mesa pueden sentarse hasta 22 personas. Los mosaicos fueron elaborados finalmente por miembros de los Talleres de Viena. El friso consta de nueve tablas en las que encontramos elementos abstractos, estilizados y figurativos. La inspiración de los diseños debemos buscarla en los mosaicos bizantinos de Ravena -conocidos en un viaje a la ciudad italiana- y en el arte oriental budista e hinduista al que los Stoclet eran muy aficionados y grandes coleccionistas. El motivo central del friso es el Arbol de la Vida, el árbol de la sabiduría, un símbolo de la Edad de Oro en el que se reúnen todos los temas que tenían verdadera importancia para el artista, desde la mujer hasta el amor, tratándose una vez más de su obsesión por la vida y la muerte -representada en este caso por el ave negra- , uno de sus temas favoritos. 

Pero a diferencia de los otros encargos monumentales realizados por el maestro austriaco, el Friso Stoclet destaca no por el contenido sino por la decoración, siendo considerado por el propio Klimt como "la última fase de mi etapa decorativa". En efecto, líneas sinuosas dominan la composición, olvidando en algunos momentos la forma para acercarse a la abstracción.  El cuadro "El árbol de la vida" (1909) de Gustave Klimt presenta una composición ornamentada en tonos dorados. Con influencias del arte árabe, tres figuras humanas y diversos detalles sutiles cargados de significado, esta obra es una de las más representativas del pintor simbolista austriaco. 

El cuadro se divide en tres partes, aunque la más conocida es la central, que contiene el árbol. El árbol de la vida recoge la trayectoria vital del ser humano como un intrincado camino con múltiples intersecciones, una sucesión de anhelos que, en ocasiones, se ven realizados y que definen la dirección que toma. El fin de la vida, la muerte, da sentido a la existencia, y por ello también está presente en el cuadro, representada por el pájaro negro.

Como pintor simbolista, Klimt introdujo en sus obras gran cantidad de símbolos que aportan distintos significados. Los hombres constituyen símbolos fálicos encubiertos, mientras que la mujer se presenta como protagonista, captando total atención. El rostro de la mujer es el que se ve en la pareja abrazada, el hombre está de espaldas. El abrazo puede ser entre amantes, o interpretarse como de amor paterno filial. La utilización de motivos arabescos, como las ramas, o los tonos dorados demuestran una clara influencia del arte árabe.

En El árbol de la vida pueden encontrarse símbolos religiosos de distintas procedencias: como la representación de ojos triangulares o el pez, y representaciones religiosas egipcias como el halcón. Estos elementos hacen que, en parte, la interpretación del cuadro siempre dependa del espectador.
En este cuadro Klimt, gran pintor austríaco, nos quiere presentar la complejidad de la vida humana mediante un árbol y la simboliza con muchísimas ramificaciones que son un reflejo de las infinitas direcciones que puede tomar nuestra vida.


Se trata de una de las obras más conocidas, y a la vez menos vistas,  de Gustav Klimt (1862 – 1918),  lo que es accesible al común de los mortales son los esbozos preparatorios de esta obra, en técnica mixta sobre papel, que se encuentran en el  Österreichische Museum für angewandte Kunst (MAK) de Viena. La obra se halla en Bruselas en el Palacio Stoclet que es propiedad particular y no está abierto al público, pese a ser, desde 2009,  Patrimonio de la Humanidad según la Unesco.


 

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