sábado, 14 de junio de 2014

CASOS POLICIALES - JACK EL DESTRIPADOR // Parte III









EL LEGADO DEL NUEVO SIGLO




 
En el año 1888, Whitechapel era uno de los peores distritos de todo Londres. En las calles, hombres, mujeres y niños arrastraban una vida de pobreza y delincuencia en la que muchas veces el único alivio era el que podía ofrecerles una botella de alcohol barato. Los callejones oscuros desembocaban en bares mugrientos y burdeles miserables en los que algunas mujeres se ganaban la vida prostituyendo sus cuerpos por unos pocos peniques. Fue precisamente aquí, en el East End londinense, donde tuvo lugar el breve reinado de terror del temido descuartizador que firmaba sus crímenes como "Jack el Destripador".

El 25 de septiembre, la Agencia Estatal de Noticias recibió una nota en tinta roja firmada por el propio Jack el Destripador cuyo contenido era:

"Querido Jefe, desde hace días oigo que la policía me ha cogido, pero en realidad todavía no me han pescado. No soporto a cierto tipo de mujeres y no dejaré de destriparlas hasta que haya terminado con ellas. El último es un magnífico trabajo, a la dama en cuestión no le dio tiempo a chillar. Me gusta mi trabajo y estoy ansioso de empezar de nuevo, pronto tendrá noticias mías y de mi gracioso jueguecito..."

Firmado: Jack el Destripador, desde el Infierno.

               
Lo cierto es que nadie puede saber si ésta es la verdadera historia o si es otro de los relatos que inspira este terrible personaje. Lo único que hoy en día tenemos claro es que no se trataba de un delincuente cualquiera. Sus hechos demuestran que era una persona con gran inteligencia y tal vez una educación superior a la población de Withechapel, incluso puede que fuese alguien de clase alta. Tal vez tuviese un trastorno de la sexualidad o un trastorno mental que le provocase esa compulsividad y obsesión a la hora de cometer los crímenes. Su afán de reconocimiento y el hecho que resaltase con las cartas enviadas a la prensa su inteligencia, demuestra que también era una persona insegura y llena de complejos. Pero mientras Scotland Yard mantenga sus archivos en el más absoluto secreto, otros autores seguirán suscitando sospechosos que mantengan la leyenda del Destripador viva.

Muchos son los asesinos en serie que a través de los tiempos nos han indignado con sus aberrantes crímenes y su insano ensañamiento contra inocentes e inofensivas víctimas. Si bien es cierto, la mayoría de ellos son capturados y ajusticiados, existe un pequeño grupo que sobrevive a sus muertos y se mantiene oculto de la justicia pública hasta el fin de sus días. Uno de los casos más emblemáticos es sin lugar a dudas, el del asesino llamado “Jack, el destripador”, personaje londinense cuya trágica y cruenta carrera se inició luego de asesinar a cinco prostitutas del poblado de Whitechapel en 1888. 

La naturaleza de los asesinatos y de las víctimas llamó la atención sobre las pobres condiciones de vida en el East End, al mismo tiempo causó como resultado que la opinión pública se manifestara en contra del hacinamiento y la insalubridad en los barrios bajos. En las dos décadas posteriores a los asesinatos, los peores aspectos de aquellos barrios fueron eliminados o, en su caso, demolidos, aunque las calles y algunos edificios sobrevivieron y la leyenda del Destripador es promovida por medio de un tour por los sitios de los asesinatos. El pub The Ten Bells en la calle Commercial era frecuentada por al menos una de las víctimas (Mary Kelly) y fue el centro de este tipo de giras durante muchos años.

Además de las contradicciones y la falta de fiabilidad de los testimonios contemporáneos, los intentos de identificar al verdadero asesino se ven obstaculizados por la falta de pruebas forenses. Los análisis de ADN en las cartas son inconclusos;183 el material disponible se ha manejado muchas veces y está demasiado contaminado como para ofrecer resultados significativos. Hasta la fecha más de 100 obras no ficticias abordan exclusivamente los asesinatos de Jack el Destripador, convirtiéndolo así en uno de los temas criminales más explorados en la literatura. Incluso, el término «ripperología» fue acuñado por Colin Wilson, en la década de 1970, para describir el estudio del caso. Tras una serie de análisis en torno a los expedientes, los periódicos Ripperana, Ripperologist y Ripper Notes publicaron sus investigaciones.187 El pintor inglés Walter Sickert, inspirado en la indisposición para asumir el orden de la región East End, realizó algunas pinturas, destacando entre ellas la obra Jack the Ripper's Bedroom.

Inmediatamente después de los asesinatos «Jack el Destripador se convirtió en el coco de los niños». Las representaciones que se hacían de él eran a menudo fantásticas o monstruosas. Entre 1920 y 1930, se le representó en el cine vistiendo ropa típica como un hombre que ocultaba un secreto cazando a sus víctimas desprevenidas; la atmósfera y el mal eran mostrados por medio de iluminación y juego de sombras. En 1960, llegó a ser «el símbolo de la aristocracia depredadora», siendo retratado con un sombrero de copa y vestido como un caballero. La clase dirigente llegó a convertirse entonces en el villano, mientras que Jack representaba la sobreexplotación de la clase social alta.191 Además, la imagen del asesino se fusionó con historias y símbolos del género del terror, tales como el manto de Drácula o la cosecha de órganos de Víctor Frankenstein.192 De hecho, el mundo ficticio del Destripador logró alearse con múltiples géneros, que van desde Sherlock Holmes hasta el terror erótico japonés.

A diferencia de otros asesinos de menor popularidad, no existe ninguna figura de cera de Mandil de Cuero en la Cámara de los Horrores de Madame Tussauds, pues ahí se rigen por una política de no exhibir personajes cuya descripción no sea del todo conocida. Debido a ello, Jack es representado como una sombra.

  I. En la literatura

Jack el Destripador destaca en cientos de trabajos de ficción, los cuales en conjunto sobrepasan las fronteras entre la realidad y la ficción, incluyendo las cartas y el Diario del Destripador.198 Asimismo, ha sido retomado en novelas, cuentos cortos, poemas, caricaturas, juegos, canciones, obras teatrales, películas, y en la ópera de 1930 Lulu, de Alban Berg. Poco tiempo después de acontecidos los primeros asesinatos, en octubre de 1888, fue publicada la novela gótica The Curse Upon Mitre Square, escrita por John Francis Brewer, cuya trama aborda primordialmente el asesinato de Catherine Eddowes en Mitre Square.199 Asimismo, la obra In Darkest London de Margaret Harkness, publicada justo al año siguiente bajo la firma «John Law», describe a Jack como un matarife no judío que se ocultaba entre la comunidad judía de la región del East End.

A rasgos generales, las historias del Destripador consiguieron atraer la atención internacional; en 1892, se lanzó una antología de cuentos cortos en idioma sueco, Uppskäraren («El destripador») compilada por Adolf Paul, sin embargo ésta fue suprimida a últimas instancias por las autoridades rusas. Por otra parte, la obra en español Jack El Destripador pasó ser considerada como un «divertido pastiche al estilo de Sherlock Holmes» tras su lanzamiento comercial, poco después de la serie de homicidios.


La primera historia influyente, «The Lodger», fue escrita por Marie Belloc Lowndes, siendo publicada en la revista McClure's Magazine en 1911 y novelizada un par de años después, en 1913. En esta, una pareja de Londres, los Bunting, sospechan que su inquilino, el señor Sleuth, es un asesino misterioso conocido como «El Vengador», quien se halla claramente basado en la imagen del Destripador. Si bien no se da a conocer al final si Sleuth es realmente El Vengador, el enfoque del cuento corto radica en el terror psicológico de los Bunting, el cual podría ser enteramente infundado, más allá de la veracidad en torno a la verdadera identidad de Sleuth. En 1927, «The Lodger» inspiró el largometraje del cineasta Alfred Hitchcock The Lodger: A Story of the London Fog; en la época contemporánea se han grabado un total de cuatro adaptaciones adicionales tomando todas ellas como referencia la historia original de Lowndes.

En 1926, Leonard Matters propuso, en un artículo publicado en una revista, que Jack había sido alguna vez un eminente doctor, cuyo hijo murió de sífilis a causa de su relación con una prostituta. De acuerdo a su teoría, el doctor, bajo el alias de «Dr. Stanley», cometió los asesinatos a manera de venganza y huyó después de esto hacia Argentina. Más tarde, en 1929, Matters expandió sus ideas en forma de un libro titulado The Mystery of Jack the Ripper; tras su publicación, fue señalado como objeto de estudio por parte de académicos, aunque luego se evidenció que contenía errores de objetividad, además de que la bibliografía que supuestamente sustenta su contenido jamás fue localizada.204 El material mencionado inspiró otras obras tales como la escenificación teatral Murder Most Foul, así como la película Jack the Ripper.205 El libro de Jonathan Goodman Who He? (1984) también se encuentra escrito al estilo de un estudio objetivo, sin embargo el sospechoso mencionado en el texto, un tal «Peter J Harpick», se trata en realidad de un término usaddo a manera de anagrama de «Jack the Ripper» (en español, «Jack el Destripador»).

La historia corta «Yours Truly, Jack the Ripper», de Robert Bloch (publicada en la colección Weird Tales, en 1943), describe al Destripador como un ente inmortal que debe realizar sacrificios humanos para garantizar la vida eterna. Décadas después, en los años 1960, se realizó una adaptación doble (una para radio, en el programa radiofónico Stay Tuned for Terror, y la otra para televisión, bajo el formato de un episodio de la serie Thriller). Asimismo, la antología de ciencia-ficción Dangerous Visions (1967) incorporó un relato inédito sobre el homicida, de la autoría de Bloch, titulado «A Toy for Juliette», además de una continuación oficial para la misma por parte de Harlan Ellison, la cual pasó a denominarse «The Prowler in the City at the Edge of the World». 

II. En el cine

El libro «The Lodger» ha sido adaptado en cinco películas: The Lodger: A Story of the London Fog, de Alfred Hitchcock (1927), The Lodger (1932), The Lodger (1944), Man in the Attic (1953) y The Lodger (2009). En su versión, Hitchcock decidió contratar en el rol estelar a Ivor Novello, lo que ocasionó que la compañía productora Gainsborough Pictures insistiera a cambio en reescribir el guion de tal forma que el personaje de Novello resultara más simpático. En 1932, Novello realizó una nueva versión de la película, esta vez con un final más dramático en donde él estrangula al asesino, quien en realidad es su hermano enloquecido, el «asesino bosnio». Por otro lado, la adaptación de 1944 prescindió de la ambivalencia de la novela y describió al inquilino, interpretado por Laird Cregar, como Jack el Destripador. A diferencia de sus predecesoras, esta nueva versión se ubica en 1888, año en que sucedieron los acontecimientos. La versión Man in the Attic, de 1953, protagonizada por Jack Palance, resultó ser muy similar a la anterior adaptación, mientras que la cinta de 2009 es estelarizada por Simon Baker.

Otra película basada en Jack es Room to Let (1949), misma que se basó en el programa radiofónico de Margery Allingham transmitido en 1948 y fue una de las primeras películas de horror producidas por Hammer Productions. En la trama, Valentine Dyall interpreta al inquilino, el Dr. Fell, quien escapa de un manicomio en donde había estado cautivo por 16 años tras haber cometido los asesinatos canónicos de Whitechapel.218 Más tarde, la misma productora estrenó tres nuevas cintas a principios de los años 1970: en Hands of the Ripper (1971), la hija del Destripador, interpretada por Angharad Rees, se convierte en una asesina tras ver cómo su padre mata a su propia madre;219 por otra parte, en Dr. Jekyll and Sister Hyde (1971), el Dr. Jekyll se transforma en la maligna Sister Hyde y es responsable de los asesinatos de Jack; finalmente, en su producción Terror in the Wax Museum (1973), un asesino se hace pasar por una figura de cera de Mandil de Cuero.



A lo largo de los años 1970 y 1980 comenzaron a estrenarse filmes cuyo vínculo con el mito de Mandil de Cuero era solamente con fines comerciales. Ejemplo de ello son las películas de horror tipo porno softcore Blade of the Ripper (1970), The Ripper of Notre Dame (1981) y The New York Ripper (1982), las cuales tienen poca o nula relación con los homicidios de Whitechapel más allá de usar el término «Destripador» en sus títulos. Otro ejemplo notable es The Ripper of Notre Dame, que fue dirigida y coescrita por Jesús Franco, cuya segunda película titulada Jack the Ripper (1976) presenta a Klaus Kinski como un doctor homicida cuya madre era una prostituta. De manera similar, What the Swedish Butler Saw (1975) aborda una historia en la que el Destripador se oculta en un estudio fotográfico; el filme es considerado un poco más pornográfico que los anteriores.

Mientras tanto, las cintas de suspenso Jack the Mangler of London (1973), Fear City (1984), Night Ripper (1986) y Jack's Back (1988) recibieron críticas malas tras su estreno, al igual que el filme japonés Assault! Jack the Ripper. Edge of Sanity (1989) es otra película similar que, a pesar de ser protagonizada por Anthony Perkins como el Dr. Jekyll y su álter ego Jack Hyde, fue muy pronto olvidada por completo.


Ensayo de No-Ficción: La Nueva Teoría


En el año 2002 vio la luz pública la novela ensayo Retrato de una asesino. Jack el Destripador, caso cerrado de la popular novelista de obras policiales Patricia Cornwell. Según esta autora el horrendo verdugo de prostitutas de la era victoriana no era otro sino Walter Richard Sickert, un aclamado pintor de la escuela impresionista, fundador en 1886 de la denominada “Nueva Sociedad Artística Inglesa”, al cual con el paso de los años se lo llegaría a reputar como el más connotado de los pintores impresionistas británicos vivientes en su época.

El insigne pintor y artista plástico impresionista Walter Richard Sickert nacido el 31 de mayo de 1860 en Munich  (Alemania) y criado desde niño en Inglaterra y que, por consiguiente, contaba con veintiocho años cuando acaecieron los homicidios de Whitechapel resultó -de atenderse a algunas versiones- vinculado a los crímenes de Jack el Destripador mucho tiempo antes de que viera su publicación el libro debido al talento de la exitosa escritora. Es que en verdad el esteta estuvo obsesionado con los sórdidos desmanes del East End de Londres durante toda su existencia. Lo estuvo al punto tal que solía contar en reuniones sociales, a las cuales asistía junto a lo más granado de la sociedad londinense, una curiosa historia al respecto. Afirmaba conocer la identidad del Destripador según se lo habría trasmitido una pareja de ancianos que le arrendaron una pieza.

En esta última hipótesis, la función que se le asigna consiste en colaborar con el asesino, reservándosele aquí el rol de cómplice. Probablemente, la figura de Walter Richard Sickert no hubiese quedado asociada a los asesinatos victorianos de no ser por un extraño personaje ansioso de involucrarlo en ellos. Esta persona se presentó en un programa televisivo de la BBC de Londres referente a la vida del Ripper emitido en 1973. El sujeto se llamaba Joseph Gorman, pero adujo (sin aportar prueba que lo avalase) ser hijo natural del pintor y de Alice Margaret Crook (por entonces casada con un peón de apellido Gorman). El individuo, a su vez, pretendía que su abuela Annie Elizabeth Crook había engendrado una hija natural nada menos que del Príncipe Albert Víctor, aspirante a monarca de Inglaterra por la época de los crímenes de Jack (1888). 

De acuerdo con la historieta que años más tarde retomaría el escritor y periodista Stephen Knight, el pintor Walter Sickert fue el tercer participante en la ejecución de una conjura destinada a eliminar a cuatro prostitutas (otra de ellas, Catherine Eddowes fue victimada por error), a saber: Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride y Mary Jane Kelly. Estas mujeres sabían del casamiento semi clandestino del Príncipe con la plebeya y de la beba fruto de aquella unión por lo cual urdieron la idea de chantajear a la monarquía. Para evitar el escándalo y bochorno la Corona inglesa, por medio de personajes de alto rango vinculados a la orden masónica, mandó liquidar a las peligrosas chantajistas.
La excesiva crueldad de las mutilaciones que dieron origen a la leyenda del Destripador se debieron, conforme con esta versión, a la atroz demencia que aquejaba al principal ejecutor, el eminente médico de la casa imperial británica Sir. William Withey Gull, de entonces 72 años, quien estaba afectado por un agudo trastorno cerebral. Patricia Cornwell retoma estas versiones y las depura, en tanto para ella Walter Sickert no fue un cómplice sino que constituyó el solitario y directo perpetrador de aquellas sangrientas tropelías. 
 
Ha pasado más de un siglo y todavía perdura el misterio. Cinco crímenes perpetuados en Whitechapel hacia 1888, que hoy, por el escaso número de víctimas hubiesen ocupado pocas líneas en los diarios, en su momento revolucionaron Londres y el mundo entero. Durante cien años, investigadores, detectives, policías y muchos aficionados han tratado de establecer un perfil psicológico que ayudase a determinar la personalidad o el nombre del asesino, pero hasta ahora solo se han podido identificar los nombres de unos posibles sospechosos. Tal vez por ese motivo Jack el Destripador se ha convertido en el asesino en serie más conocido de la historia. Su nombre nos evoca una silueta entre la niebla del Londres Victoriano, una sombra con capa y sombrero negros que ataca a sus víctimas y desaparece para siempre de la escena del crimen... no en vano se han escrito sobre él cientos de libros, canciones, óperas y películas. Es la perfecta historia de suspense, el gran misterio sin resolver.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario