martes, 3 de junio de 2014

LIBROS - TRILOGÍA AMERICANA: SANGRE VAGABUNDA (2010) de James Ellroy







EL LADO OSCURO DEL SUEÑO AMERICANO




La trilogía Americana de Ellroy es probablemente la obra más ambiciosa que se ha llevado a cabo dentro del género negro. Consta de tres poderosos volúmenes, “América”, “Seis de los Grandes” y “Sangre Vagabunda”. De la primera a la última parte han pasado una buena cantidad de años y eso se percibe en cada recodo de las novelas. La ambición no solo es por el volumen de las novelas, impresionante, sino también por el carácter ambicioso de la obra, el trabajo depositado sobre ella y la dosis, elevadísima, de talento que nos ofrece.

Los acontecimientos que narra la trilogía se inician en 1958 y concluyen en 1972. Ese período, básico para la historia de USA, y los acontecimientos cruciales de esos años vertebran toda la obra y son el basamento sobre el que Ellroy echa toneladas de ficción. Usa el autor, con gran descaro, acontecimientos históricos, personajes reales con hechos de ficción e incluso con mitos o pseudomitos y lo hace a su manera, sin importar a quién ofende -y no son pocos los que pasan por entre las páginas y no son tratados con miramientos. Ellroy es siempre imprudente, inconsciente, descarado, subversivo, inquietante, atrevido, políticamente incorrecto y socialmente lacerante.

A lo largo de las novelas, que suman más de dos mil páginas en total, circulan y son tratados con mano dura mafiosos, agentes del FBI, integrantes del Ku Klux Klan, emigrados cubanos, mormones, agentes de la CIA, policías brutales de varias ciudades, investigadores privados del peor pelaje, mercenarios extranjeros, políticos de todo tipo y también multitud de personajes reconocidos y reconocibles. Desde Hoover hasta Marilyn Monroe, pasando por los Kennedy o Rock Hudson, de Sam Gianccana a Santo Trafficante, de Howard Hughes a Sony Liston, Martin Luther King a Jack Ruby, todos ellos y muchos más asoman entre las páginas de las novelas, se mezclan y entrecruzan con otros personajes puramente de ficción, creando entre todos una pseudomitología que forma parte de la mitomanía del autor.

Ellroy aprovecha para mostrar hechos reales protagonizados por personajes en algunos casos verídicos y en otros inventados, aunque siempre sosteniéndolo todo con un buen bagaje de realidad, y su realidad es en algunos momentos verdaderamente asfixiante. Desarrolla una buena cantidad de datos, nombres y hechos, que tienden a despistarnos en algún momento, en especial si trata de asuntos muy americanos que nos resultan ajenos. No aporta mucha literatura a ello y el uso de su prosa posibilita que parezcan situaciones aún de mayor crudeza.

Los personajes entran y salen de las novelas y se identifican dentro de ellas por pertenecer a lo que el autor llama “La Vida”, que no es otra cosa que hallarse en el justo borde de la legalidad, un lugar inhóspito donde se hacen chanchullos de alto calado o se sustancian negocios en sucios callejones, en donde se sirve al jefe del estado o a un jefecillo mafioso. Es en ese territorio -áspero y brutal, en el que Ellroy se mueve como pez en el agua-, donde sus personajes toman verdadero calado.

Algunas de las criaturas creadas permanecerán en la historia colectiva de la literatura. El secreto de Ellroy para crear semejantes bichos literarios es sencillo: les va quitando capa a capa la poca humanidad que tuvieran y luego los va reconstruyendo poco a poco hasta moldear una figura que tiene sombras, luces y espacios oscuros plagados de dolor. Poco a poco nos va mostrando un poco más de su perfil y lentamente, van evolucionando y van moviéndose en una dirección insospechada. Ahí, en ese lugar final, oscuro y que tiene tintes de sumidero de residuos el autor los junta y nos expone a lo que siempre llegarán, a la idea de la culpa, al concepto del castigo y de la vida no digna que han llevado. En ese espacio coinciden todos y parece evidente que es donde aparecen las propias ideas del autor.

No quiero que piensen que todos los personajes se parecen, ni mucho menos, cada uno funciona de una forma diferente y es marcado tanto por su pasado como por como afronta su presente o su futuro. El escritor angelino dota a todas sus criaturas literarias de un trasfondo y de una mentalidad que siempre deriva, lógicamente, en algo nuevo, y que puede llegar a sorprendernos. Ellroy no necesita grandes charlas o disertaciones morales, solo es preciso tener un terreno umbroso y acondicionado, plantar una semilla y aguardar el momento en que el personaje reciba ese toquecito creador que le provoque que tome un camino u otro, y por insospechado que sea siempre nos parecerá lógico porque y eso es muy importante para comprender al autor, la lógica prevalece.

Literariamente los libros son muy diferentes entre sí, se nota la cantidad de años que han transcurrido entre la creación de unos y otros. Todos tienen el sello del escritor americano, pero me parece especialmente áspera la segunda entrega, “Seis de los grandes”. ”América” y “Sangre Vagabunda” tienen una prosa muy cercana y se acercan al Ellroy más sereno y centrado. “Seis de los Grandes” es una salvajada, no solo por su contenido sino por una prosa bestia, sin concesiones, indómita y que en un momento te golpea pero que te empuja a leer y leer. Personalmente, pese a que otros opinen todo lo contrario, me place mucho más esa novela y esa prosa verdaderamente salvaje.

Se percibe ese cambio, esa evolución en el escritor y esas etapas que ha ido quemando como creador. Sería muy complicado asegurar si ha mejorado o empeorado, creo que con el paso del tiempo el escritor se ha ido quitando de encima miedos y se atreve a contemplar el texto con otra mirada, un poco más atrevida pero más consciente de lo que hace. La trilogía es también un ajuste de cuentas con la historia americana y es una muestra, clara y patente, del compromiso del autor. Muchos personajes y mucho de lo tratado en las novelas no es agradable ni bonito, pero era real y era americano, y el escritor no ve otra forma mejor de reprenderlo que contarlo tal y como era, sumándole un poco más de sarcasmo, un poco más de crítica y otro poco de humor, pues existen momentos que te llevan verdaderamente a la carcajada.

Aprovecha el autor para desmitificar, atacar historias, leyendas o miles de tonterías más y pone las que a él le placen y lo hace torticeramente, aprovechando que todo es ficción, por eso engañará a los crédulos y se reirá de ello pues siempre tiene un tono gamberro al que nunca renuncia y lo hace conservando la mítica de los asuntos callejeros. A Ellroy no se le puede juzgar por la belleza de sus frases o por la concreción de sus pensamientos, probablemente se reiría de semejantes palabras, se le debe observar a través de las imágenes que nos muestra y también a través de la viveza de sus historias, complejas y retorcidas.

Ellroy saltó a la fama por sus primeras novelas, cuya versión cinematográfica le afianzó en un status envidiable. El escritor es mejor cuanto más callejero parece, es mejor cuanto más se acerca a la época que ha vivido, según dicen, intensamente. En esta trilogía existen muchos motivos para contemplar al verdadero Ellroy y para mí, sería motivo más que suficiente para internarse en la lectura sin perder ni un minuto.

La transformación del escritor en un empresario que gestiona su propio nombre ha malogrado el mito de la vocación literaria inspirada por la rebeldía, la inadaptación y el inconformismo. James Ellroy (Los Angeles, 1948) nunca ha pretendido ser la conciencia moral de nuestra época, pero en toda su obra se respira un calvinismo airado, donde la indignación y el pesimismo se refuerzan mutuamente. La familiaridad con la delincuencia, las drogas y el alcohol frustran de raíz el optimismo y, en algunos casos, puede convertirte en un perro rabioso, como es el caso de Ellroy. Creció en un suburbio de Los Ángeles y a los 10 años se enfrentó al asesinato de su madre, una mujer divorciada, neurótica y promiscua. Ellroy no llegaría a convertirse en un gánster. Se limitaría a vagabundear, cometer pequeños robos y espiar a las mujeres mientras se desnudaban. Se excitaba hundiendo las narices en su ropa interior. Odiaba a negros y judíos y, según la leyenda, mató a un perro de presa con sus propias manos. Evitó la locura y la autodestrucción gracias a Alcohólicos Anónimos y a su interés por las crónicas de sucesos, donde advirtió que se escribía la historia real de la sociedad americana.

Versión áspera y canalla de Chandler, Ellroy sitúa casi todas sus historias en Los Ángeles, una ciudad violenta, hipócrita y racista, donde hablar de esperanza resulta tan ridículo como buscar el paraíso en un estercolero. Ambientada en el verano de 1968, Sangre vagabunda redunda en las obsesiones de una escritura telegráfica, intensa e irritante, que transita de los bajos fondos a la alta política. La novela arranca poco después de los asesinatos de Luther King y Robert Kennedy, cuando todo apunta que se ha fraguado una conspiración para estrangular cualquier reforma política. Desde el FBI, J. Edgar Hoover intenta preservar la supremacía blanca. Los defensores de los derechos civiles continúan sus protestas, pero se enfrentan a una coalición entre el Estado y el crimen organizado, donde confluyen los intereses mafiosos y la connivencia de abyectas dictaduras, como la República Dominicana de Trujillo.

Ellroy escoge como protagonistas a personajes que vagabundean por la periferia del poder político y económico: Dwight Holly, agente del FBI especializado en palizas y ejecuciones extrajudiciales; Don Crutchfield, detective privado y voyeur ocasional, que ejerce la manipulación, el chantaje y la intimidación, sin poner otra condición que cobrar sus honorarios; Wayne Tedrow, ex policía y traficante de heroína, que intenta preservar su negocio estableciendo alianzas internacionales. Sus historias se cruzarán al perseguir el rastro de Joan Rosen Klein, una activista de izquierdas, que ha descubierto la necesidad de combinar la acción política y la lucha armada. En su papel de Diosa Roja, recuerda a Margherita Cagol y a Brigitte Mohnhaupt, mujeres hermosas que justificaron la violencia revolucionaria para subvertir el orden capitalista.

Ellroy multiplica los personajes y los escenarios, exigiendo al lector un esfuerzo prolongado. Entrega final de su Trilogía Americana, Sangre vagabunda no esconde su ambición. Es novela negra, que puede abordarse como un riguroso trabajo de investigación periodística. Es un relato policíaco, que estudia el intervencionismo norteamericano en la política internacional. Es una obra de intriga, que explora las motivaciones psicológicas, las pasiones y parafilias del ser humano, con su carga de miseria e irracionalidad (Ellroy se atreve con el vudú haitiano, descartando prejuicios y estereotipos). No es Faulkner ni Chandler, pero el mundo contempo- ráneo se ha hecho más sucio y, aunque Ellroy ha echado el ancla en los 60, su literatura refleja con anacrónica precisión un presente que no cesa de vomitar mierda y mediocridad.

  
Archivo fuente:

"Sangre vagabunda", James Ellroy
Trad. de M. Guguí y H. Sabaté. Ediciones B, 2010.
Texto de RAFAEL NARBONA | 12/03/2010 |  Edición impresa EL CULTURAL
-"Trilogía americana”, de James Ellroy, por Sergio Torrijos Martínez
-Sobre "América, Seis de los grandes, Sangre vagabunda" - James Ellroy -  Ediciones B




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