jueves, 19 de junio de 2014

MITOLOGÍA - CASANDRA (Κασσάνδρα)






Hija del rey Príamo y de la reina Hécuba de Troya. El dios Apolo, que amaba a Casandra, le concedió el don de la profecía, pero cuando ella se negó a corresponder a su amor, Apolo volvió inútil el don haciendo que nadie creyera en sus predicciones. Casandra advirtió a los troyanos de muchos peligros, incluso del caballo de madera con el que los griegos entraron en la ciudad, pero fue desestimada como una loca. 

Después de la caída de Troya, fue sacada del santuario del templo de la diosa Atenea por Áyax, hijo de Oileo, y llevada al campamento griego. Cuando se repartió el botín, Casandra fue entregada al rey Agamenón como su esclava y amante. Casandra le advirtió de que sería asesinado si volvía a Grecia, pero de nuevo no obtuvo crédito.  A su llegada a Micenas ella y Agamenón fueron asesinados por Clitemnestra, esposa de éste y reina de Micenas 

Apolo cumplió su parte del trato. Le entregó a Casandra el don de predecir el futuro, de saber de antemano cada episodio, cada muerte, cada victoria, de anticiparse incluso a las visiones más arrebatadoras de los profetas. Y junto a este don el dios añadió una breve pero demoledora maldición: nadie, absolutamente nadie le creería. Fue así que Casandra conoció el futuro, e intentó prevenir a su padre sobre los ejércitos aqueos, de Aquiles, Odiseo, y las estratagemas de los engañosos griegos. No obstante, rápidamente descubrió que conocer el futuro no sirve de nada si nadie era capaz de creerle.  El mito de Casandra fue inmortalizado en la Ilíada, pero continuó inalterable a través de los siglos, hasta que el filósofo francés Gaston Bachelard lo utilizó para acuñar una teoría muy curiosa: el complejo de Casandra.

En 1963, la psicóloga Melanie Klein realizó una hermosa interpretación del mito de Casandra. Allí sostiene que la princesa troyana representa la moral humana, aquella porción de nosotros mismos que conoce los peligros de encarar ciertos actos, pero que rara vez es escuchada a tiempo. En cierta forma, Casandra es la consciencia moral de Troya, desoída y ridiculizada por una excesiva confianza en sí misma. La función de Casandra es señalar los peligros del futuro, es decir, lo que ocurrirá si se infringen ciertas normas y convenciones, y el subsecuente desastre social que sucede tras la infracción. La destrucción -sostiene Melanie Klein- procede del Ego, representado en el mito por el dios Apolo.

Melanie Klein ajusta un poco más la tuerca y razona que el castigo Casandra es uno de los más elegantes de toda la mitología griega. Apolo no la enmudece, por el contrario, le otorga un saber divino sobre todos los acontecimientos futuros, pero impide que otros le presten atención. Psicológicamente hablando podemos pensar que la naturaleza moral de algunas predicciones, es decir, la certeza de que algunos actos, aunque gozosos al principio, pueden desencadenar algo negativo en el futuro, es negada y reprimida por el Yo, cuya tendencia es satisfacer sus deseos de forma inmediata, sin calcular los riesgos a futuro. Paradójicamente, el Yo no desconoce ese futuro, es decir, no cree que las profecías de Casandra sean inexactas, al contrario, sabe que son rigurosamente ciertas pero decide ignorarlas.

El final de Casandra fue decididamente trágico. Ahora bien, este final plantea una duda razonable. Si Casandra conocía el futuro, sabía que no encontraría refugio en el templo de Atenea. De hecho, podemos pensar que el conocimiento absoluto del devenir le permitiría huir de la ciudad de Troya sin recibir una sola herida. No obstante, eligió el martirio, el sacrificio, acaso creyendo que ningún futuro se perfila venturoso para los profetas que son ignorados.
  


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