jueves, 24 de julio de 2014

ESCENA TEATRAL - BERTOLT BRECHT Y "EL EFECTO V"






EL ARTE DE AISLARSE





Su concepto del “Verfremdungseffekt”, o “V – Effekt”, en algunos textos traducido como el “efecto de alienación o distanciamiento”, es un recurso dramático, empleado ya en el teatro medieval y en el asiático, con el objetivo de “sustraer lo representado a la intervención del espectador”, pretendiendo así sacar la emoción de la producción, persuadiendo al público para distanciarlo de la obra, para lograr que reflexione el mensaje, y no que se sienta identificado con el personaje. Brecht experimentó este recurso distanciador ya en su obras tempranas como en la Opera de los tres centavos (1927-28). Entonces formuló sus innovadoras teorías literarias también como respuesta a George Lukács (1885-1971), filósofo húngaro y teórico literario Marxista, quien propone una evolución de las formas literarias tradicionales.

Al respecto dice Brecht: “Para producir el efecto de distanciamiento el actor tiene que desechar cualquier cosa de los medios que ha aprendido para persuadir al público a identificarse con los personajes y sus características, con el cuidado de no ponerse en catarsis, ni tampoco a su público. Sus músculos deben permanecer sueltos, dispuestos a dar un giro en la cabeza, por ejemplo, con los músculos del cuello estirados, donde “mágicamente" lleve los ojos de los espectadores e incluso sus cabezas para volverse con él, y de esta manera, disminuir cualquier especulación o reacción que los gestos pueden traer.

Su manera de hablar tiene que ser libre del sonsonete “eclesiástico” y de todas esas cualidades que calman al espectador para que el sentido de la obra se pierda.” También lograba este efecto mediante el uso de máscaras, y apartes. Principalmente lo que Brecht quería lograr era una menor respuesta emocional por parte del espectador, puesto que creía que el teatro era para pensar, y no para identificarse con la historia y/o los personajes, porque según él, cuando el espectador tendía a identificarse con éstos, la obra perdía su valor pedagógico y así, su significación.
 


VERFREMDUNGSEFFEKT, allí se esconde un críptico significado. Alrededor de esta restallante palabra alemana giraron mucha tiempo (y siguen girando) el desconcierto y la polémica, en los ámbitos teatrales. Simplificada en el habla corriente como "efecto V", designa la famosa teoría de Bertolt Brecht llamada "efecto de distanciamiento", una propuesta de actuación radicalmente distinta de la catarsis aristotélica. El poeta y dramaturgo alemán, de cuyo nacimiento en Augusburg se cumplirá un siglo el 10 de febrero del año próximo, la enunció hacia 1936, en Dinamarca, una de las etapas en el largo, accidentado exilio tendiente a poner distancia entre él y los nazis. 

Mucho se defendió Brecht de la acusación de frialdad imputada a su teatro por la crítica, a comienzos de los años 30. Y mucha dialéctica le requirió el explicar con claridad su cbjetivo, y más aún la manera de alcanzarlo. "La característica esencial del teatro épico es, quizá, la de apelar menos a la afectividad del espectador que a su razón. El espectador no debe comulgar con los personajes, identificarse con ellos, sino discutirlos. Sería erróneo, no obstante, negar el valor afectivo del teatro épico. Tal actitud vendría a afirmar, en un siglo como el nuestro, que el sentimiento es ajeno a la ciencia". La frase destaca dos parámetros fundamentales del pensamiento brechtiano: "un siglo como el nuestro", esto es, un tiempo con características inéditas ("Los temas de nuestro tiempo son monstruosos, nuestra dramaturgia debe tomarlo en cuenta"), y la apelación a la ciencia. 

Tiene Brecht una convicción casi enternecedora sobre el papel de la ciencia en el mundo contemporáneo. Reitera a menudo su certeza de hallarse en "una era científica". No se engaña, pero atribuye a esa disciplina una dimensión ética, por un lado, y absolutamente racional, por otro, que los últimos decenios (Brecht murió en 1956) permiten cuestionar, por lo menos. No es casual que su gran personaje, su héroe-antihéroe favorito, al que dedicó sucesivas versiones de un libreto admirable, sea Galileo Galilei. en quien resume la discordia perpetua entre los fines y los medios, entre la defensa de las convicciones de un intelectual y la defensa de su vida biológica amenazada por la conjura de los poderosos. Como Madre Coraje, mujer de inteligencia natural y astucia instintiva, Galileo también elegirá la vida, pero con una diferencia: su inteligencia cultivada recurre a la argucia jesuítica de la reserva mental. 

Le ocurrió a Brecht algo parecido al caso de Galileo, en sus últimos años transcurridos en territorio de la hoy extinta República Democrática Alemana? Algunos indicios permitirían sospecharlo, pero nada autoriza a pasar de ahí. Volvamos a la famosa teoría del teatro épico y el efecto V, cuyos más entusiastas adherentes (a los escritos teóricos de su creador) han encontrado siempre difícil llevarla a la práctica. La tradición aristotélica pesa considerablemente, porque brota de una observación realista: el actor quiere sentir la adhesión del público y éste quiere identificarse con el actor. Apetencia elemental, tal vez, pero cierta. 

La estética brechtiana derriba la famosa "cuarta pared" del teatro convencional y hace que el actor hable directamente con el público, ampliando así la antiquísima técnica del "aparte", esa momentánea salida del personaje fuera de la acción para informar de su verdadero pensamiento y sus móviles ocultos. En su apoyo, Brecht cita la célebre "Paradoja del comediante" de Diderot el actor, una vez compenetrado de su papel, debe representarlo sin participar personalmente en él, pero eludiendo a la vez la simple mecanicidad, y se aproxima, con cautela, al deseo de Meyerhold del actor-marioneta. 

Todavia en 1951, Brecht, acosado por preguntones del mundo entero, ensayaba defensas un poco patéticas de su teoría: "Es extremadamente difícil hacer una descripción sucinta de la interpretación épica... Quiero agregar que este método de interpretación está todavía en pleno desarrollo, o, a más exactamente. que está todavía en sus comienzos y que exige todavía la colaboración de la mayor cantidad posible de investigadores". Y ya había transcurrido un cuarto de siglo desde la primera enunciación del Verfremdungseffekt. 

Como modelo viviente y eficaz del "efecto V", Brecht proponía, en sus últimos años, las interpretaciones de su mujer, la actriz Helene Weigel, en las memorables veladas del Berliner Ensemble, el teatro cuya dirección la RDA brindó como regalo al más ilustre dramaturgo alemán de la época. Al parecer, las protagonistas de "Madre Coraje" y de "El círculo de tiza caucasiano", eran los caballitos de batalla de la actriz y ejemplos radiantes del método preconizado por su marido. 

Fuente:

lanacion.com |Suplemento Cultura: Bertolt Brecht, el efecto V
http://www.lanacion.com.ar/214075-el-efecto-v




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