miércoles, 2 de julio de 2014

FRAGMENTOS - José Ingenieros y la Primera Guerra Mundial‏: El suicidio de los bárbaros (Los tiempos nuevos, Losada, 1961)




 





La civilización feudal, imperante en las naciones bárbaras de Europa, ha resuelto suicidarse, arrojándose al abismo de la guerra. Este fragor de batallas parece un tañido secular de campanas funerarias. Un pasado, pletórico de violencia y de superstición, entra ya en convulsiones agónicas. Tuvo sus glorias; las admiramos. Tuvo sus héroes; quedan en la historia. Tuvo sus ideales; se cumplieron.

Esta crisis marcará el principio de otra era humana. Dos grandes orientaciones pugnaron desde el Renacimiento. Durante cuatro siglos la casta feudal, sobreviviente en la Europa política, siguió levantando ejércitos y carcomiendo naciones, perpetuando la tiranía de los violentos; la minoría pensante e innovadora, a duras penas respetada, sembró escuelas y fundó universidades, esparciendo cimientos de solidaridad humana. Por cuatro centurias ha vencido la primera. Príncipes, teólogos, cortesanos, han pesado más que filósofos, sabios y trabajadores. Las fuerzas malsanas oprimieron a las fuerzas morales.


Ahora el destino inicia la revancha del espíritu nuevo sobre la barbarie enloquecida. La vieja Europa feudal ha decidido morir como todos los desesperados: por el suicidio. La actual hecatombe es un puente hacia el porvenir. Conviene que el estrago sea absoluto para que el suicidio no resulte una tentativa frustrada. Es necesario que la civilización feudal muera del todo exterminada irreparablemente. ¡Que nunca vuelvan a matarse los hijos con las armas pagadas con el sudor de sus padres!


Una nueva moral entrará a regir los destinos del mundo. Sean cuales fueren las naciones vencedoras, las fuerzas malsanas quedarán aniquiladas. Hasta hoy fue la violencia el cartabón de las hegemonías políticas y económicas; sobre la carroña del imperialismo se impondrá otra moral y los valores éticos se medirán por su justicia. En las horas de total descalabro ésta sola sobrevive, siempre inmortal…


Aniquiladas entre sí las huestes bárbaras, dos fuerzas aparecen como núcleo de la civilización futura y con ellas se forjarán las naciones del mañana: el trabajo y la cultura. Cada nación será la solidaridad colectiva de todos sus ciudadanos, movidos por intereses e ideales comunes. En el porvenir, hacer patria significará armonizar las aspiraciones de los que trabajan y de los que piensan bajo un mismo retazo de cielo.


Las patrias bárbaras las hicieron soldados y las bautizaron con sangre; las patrias morales las harán los maestros sin más arma que el abecedario. Surja una escuela en vez de cada cuartel, aumentando la capacidad de todos los hombres para la función útil que desempeñen en beneficio común. El mérito y la gloria rodearán a los que sirvan a su pueblo en las artes de la paz; nunca a los que osen llevarlo a la guerra y a la desolación.


Hombres jóvenes, pueblos nuevos: Saludad el suicidio del mundo feudal, deseando que sea definitiva la catástrofe. Si creéis en alguna divinidad, pedidle que anonade al monstruo cuyos tentáculos han consumido durante siglos las savias mejores de la especie humana.
Frente a los escombros del pasado suicida se levantarán ideales nuevos que habiliten para luchas futuras, propicias a toda fecunda emulación creadora.


No basta poseer surcos generosos; es menester fecundarlos con amor y sólo se amará el trabajo cuando se recojan integralmente sus frutos. Pero tenemos algo más noble, que espera la semilla de todo hermoso ideal: una tradición de luz y esperanza. Los arquetipos de nuestra historia espiritual fueron tres maestrescuelas: Sarmiento, el pensador combativo; Ameghino, el sabio revelador; Almafuerte, el poeta apostólico.


Mientras rueda el ocaso del mundo de la violencia militar y de la intriga diplomática inspirémonos en sus nombres para prepararnos al advenimiento de una nueva era; procuremos ser grandes por la dignificación del trabajo y por el desarrollo de las fuerzas morales. Y para no ser los últimos, emprendamos con fe apasionada nuestra elevación colectiva mediante el único esfuerzo que deja rastro en la historia de las razas: la renovación de nuestros ideales en consonancia con los sentimientos de justicia que mañana resplandecerán en el horizonte.


Septiembre de 1914.



Fuente: José Ingenieros, Los tiempos nuevos, Losada, 1961.

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(*) El 24 de abril de 1877 nacía en Palermo, Italia, José Ingenieros. Fue médico, periodista, político, y un importante referente intelectual de su época. En 1894 fundó el Centro Socialista Universitario. Este centro, junto con el Centro Socialista Obrero, constituyó en 1895 el Partido Socialista Obrero Argentino, cuyo presidente fue Juan B. Justo. José Ingenieros se desempeñó como secretario. Entre sus obras figuran La evolución de las ideas argentinas y El hombre mediocre. En sus escritos se pronunció sobre identidad latinoamericana y denunció al imperialismo. En septiembre de 1914, a poco de comenzar la Primera Guerra Mundial, José Ingenieros reflexiona sobre la naturaleza y consecuencias del conflicto. 


2 comentarios:

  1. Un romántico de la época con sueños de un futuro incierto como el de tanto otros que se quedaron en el camino de la vida. Las naciones bárbaras de Europa se suicidaban arrojándose al abismo de la guerra, en sus batallas que parecían el secular tañido fúnebre de las campanas, las que hoy han sido remplazadas por un simple y frió gong electrónico. Un pasado lleno de violencia, de superstición, y convulsiones agónicas que no se diferencia mucho con el mundo de hoy. Tuvo glorias que casi nadie recuerda, héroes olvidados, historia que muy pocos saben, ideales que algunos cumplieron.

    Hoy no existen feudales como ayer, pero la política sigue carcomiendo naciones los Príncipes, teólogos, cortesanos fueron cambiados por capitalistas, la minoría pensante e innovadora va perdiendo escuelas y universidades que fundó en el pasado, se pierde la solidaridad humana, el materialismo pesa más que filósofos, sabios y trabajadores. Se oprime la moral, la barbarie enloquecida cambia muchos destinos, cometiendo estragos casi absolutos, para que su tentativa suicida no sea frustrada.¡ los hijos no volverán a matarse con armas pagadas con el sudor de sus padres, pero se matan drogados con el sudor de sus progenitores! el capitalismo trae otra moral los valores éticos se han ido perdiendo al igual que la verdadera justicia.
    Las dos fuerzas del trabajo y la cultura de cada nación, sueña con el bien colectivo de todos sus ciudadanos, con intereses e ideales comunes. hacer patria, armonizar las aspiraciones de los que trabajan y los que piensan bajo un mismo cielo.
    A los maestros les intentan quitar sus armas, aumentan las carceles y crímenes, más que merito existe la coima, aun los que creen an lo divino flaquean y pierden sus vidas nte los tentáculos de la falsedad y la mentira. Como dice José Ingenieros .No basta ser generosos; es bueno sembrar con amor. Tenemos que buscar lo más noble, una tradición de luz y esperanza. Los arquetipos de nuestra historia espiritual fueron cuatro maestres-cuelas: Sarmiento, el pensador combativo; Ameghino, el sabio revelador; Almafuerte, el poeta apostólico y Jesús de Nasaret.
    Tenemos que dignificar trabajo y por el desarrollo de las fuerzas morales. Y para no ser los últimos, emprendamos con fe apasionada nuestra elevación colectiva mediante el único esfuerzo que deja rastro en la historia de las razas: la renovación de nuestros ideales en consonancia con los sentimientos de justicia que mañana resplandecerán en el horizonte.
    Opuestamente los pueblos nuevos, de hombres jóvenes hoy abrazan el suicidio de su propio mundo acercándolo a la catástrofe oscureciendo el horizonte.

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    1. Muchas gracias Luis Alberto por tan completa semblanza acerca de la figura y pensamientos de José Ingenieros, sin dudas uno de los grandes genios de nuestro tiempo, un incomprendido. Un saludo y gracias por visitar el blog.

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