lunes, 28 de julio de 2014

MITOLOGÍA - ORFEO (Ορφέυς)










En la mitología griega, Orfeo era el principal representante de las artes del canto y la lira, un personaje de gran importancia en la historia de Grecia. Era un griego de origen tracio; en su honor se desarrollaron los Misterios Órficos, rituales de contenido hoy desconocido. Es posible, pero no probable que Orfeo fuese un personaje histórico real, pero su existencia real ha sido denegada, incluso en los tiempos antiguos. Orfeo no es mencionado por Homero ni por Hesíodo, pero era conocido en la época de Ibico (c. 530 adC), y Píndaro (522—442 adC) se refiere a él como «el padre de los cantos».

Desde el siglo VI adC en adelante fue considerado como uno de los principales poetas y músicos de la antigüedad, el inventor de la cítara y añade dos cuerdas a la lira.Tenía siete y la lira de Orfeo nueve, en honor a las nueve musas. Y con su música era capaz no sólo de calmar a las bestias salvajes, sino incluso mover árboles y rocas y detener a los ríos en su curso. Como músico celebre va con los Argonautas en busca del vellocino de oro. Se le supone como uno de los pioneros de la civilización, habiendo enseñado a la humanidad los artes de la medicina, escritura y agricultura. En su aspecto más conectado con la vida religiosa fue un augur y un profeta. Practicó las artes de la magia, en especial la astrología; Fundó o hizo accesibles muchos cultos importantes, como los de Apolo y Dionisos; instituyó ritos místicos, tanto públicos como privados; prescribió rituales iniciatorios y de purificación. Se dice que visitó Egipto y que allí se familiarizó con los escritos de Moisés, y con la doctrina de una vida futura.

Se han propuesto varias etimologías del nombre "Orfeo". La más probable es un nombre de actor, derivado de la palabra arcaica orphao, que quiere decir "carente de, o añorante de" (en español existe la palabra huérfano). Cognates pudo incluir la palabra griega orphe, que quiere decir "oscuridad". "Orfeo" podría entonces estar estrechamente relacionado semánticamente con goao, "lamentar, cantar libremente, ejecutar un hechizo", uniendo sus papeles aparentemente diferentes como amante decepcionado, músico transgresor y sacerdote mistérico en un todo lexical simple.

El cantante y músico Orfeo era hijo de Apolo y Calíope, musa de la poesía narra­tiva, si bien algunos aseguran que era hijo de Eagro, rey de Tracia. Orfeo podía cantar y tocar de tal manera que conmovía a humanos, animales, ár­boles, ríos y piedras. Fue uno de los argo­nautas que viajaron a Colchis en busca del Vellocino de Oro (ver Argonautas, Los). Su talento fue muy útil en multitud de aventuras, como cuando tocaba para apa­ciguar los ánimos durante una pelea. Tam­bién neutralizó el canto de las peligrosas sirenas (ver Odiseo y Sirenas, Las), que con sus voces irresistibles conducían a los marineros hacia la muerte, pues se ahoga­ban al intentar seguir su canto más allá de las aguas.

Después del viaje de los Argonautas, Orfeo regresó a Tracia, donde se enamoró de la ninfa Eurídice. El sentimiento era mutuo y Orfeo decidió invitar a la boda a Himeneo, dios del matrimonio. El día de la boda, una serpiente venenosa mordió a Eurídice en el talón, según algunos mientras huía de Aristeo, un apicultor. A consecuencia de ello murió y el inconsolable Orfeo no podía imaginar su vida sin ella, así que bajó al mundo de los muertos para pedir a Hades y Perséfone que se la devolviesen. Sus melodías implorando al dios mientras se acompañaba de la lira conmovieron al dios de la muerte e incluso a los seres malignos del Tártaro . En palabras de Ovidio: «Mientras cantaba con la música de la lira, las almas rompieron a llorar. Tántalo no se esforzó en alcanzar las aguas que siempre se retiraban, la rueda de Ixión se detuvo, los buitres dejaron de picar el hígado de Titis, las hijas de Danao dejaron de llenar sus vasijas y Sísifo descansó sobre una roca».

Incluso el implacable Hades quedó desconcertado y le permitió llevarse a su amada a condición de que no volviese la vista hasta haber salido de allí. Orfeo salió feliz, seguido de Eurídice, que iba más despacio debido al dolor que le producía la mordedura de una serpiente. Justo antes de salir, Orfeo se dejó llevar por la impaciencia y miró hacia atrás, lo que provocó que su amada se desvaneciese en la niebla del reino de los muertos, despidiéndose de él sin que Orfeo pudiese oírla.

Orfeo descendió de nuevo al mundo de los muertos, pero el barquero Caronte no le quiso cruzar a través de la laguna Estigia a pesar de sus cánticos. Al darse cuenta que había perdido a Eurídice para siempre, Orfeo pasó siete días penando sin co­mer a orillas de la laguna. Después regresó a Tracia, donde ya no quiso saber nada de mujeres y decidió hacer de los hombres su elección.

Esto no gustó demasiado a las Ménades, con las que en tiempos más felices había retozado durante los ritos en honor del dios del vino. Enloquecidas y despechadas se abalanzaron sobre Orfeo, gritando de tal manera que ni siquiera su canto las apaciguaba. Así, le despedazaron dejando intacta su cabeza y su lira, que cayeron a un río, el Hebro, que las llevó hasta el mar mientras seguían sonando -según algunos la cabeza seguía pronunciando el nombre de Eurídice- hasta llegar a la isla de Les-bos. La lira quedó en los cielos como constelación, y el alma de Orfeo encontró a Euridice en el mundo de los muertos. Desde entonces, pudo morar siempre en los Campos Elíseos, el reino paradisíaco de los muertos.

La tradición que sostenía que los restos de Orfeo habían estado en un principio en Libetros recogía la leyenda de que un oráculo de Dioniso había dicho que cuando el sol viera los restos de Orfeo la ciudad de Libetros sería destruida por ataque de jabalí. Pues bien: un pastor se acostó junto al sepulcro de Orfeo, empezó a cantar versos de éste entre sueños y unos agricultores y otros pastores se reunieron para oír el canto, se empezaron a pelear por estar más cerca del cantor y acabaron rompiendo la columna y la urna que contenía los restos, que quedaron expuestos al sol. La noche siguiente llovió mucho, y el río Sys ("Jabalí"), que bajaba del monte Olimpo, arrasó la ciudad y murieron todos sus habitantes y sus animales. Después, los restos de Orfeo fueron trasladados a Díon.

Decía la tradición que los restos mortales de Orfeo estaban encima de una columna situada en el camino que iba desde la ciudad de Díon hasta el monte Helicón, en Pieria. También hay un río llamado Helicón que desaparecía bajo tierra y luego volvía a aparecer. Decía del río la tradición que antaño discurría por la superficie, y que después se había escondido bajo tierra para evitar que las que habían matado a Orfeo pudieran purificarse en sus aguas.
   
La veneración de Orfeo en Tracia estuvo muy unida a la de Dioniso. Como ocurre con el culto al dios del vino y de la vegetación, los Misterios Órneos en honor de Orfeo están dominados por la muerte y la resurrección, ya que, según una vieja versión de su mito, el cantante consiguió liberar a Euridice del reino de los muertos gracias a Dioniso, su salvador. El Orfismo desembocó en una religión sectaria duran­te el siglo VI a.C. en Grecia, en la que sus seguidores consideraban a Orfeo el fundador de un credo que despreciaba al cuerpo como una jaula en la que el alma estaba encerrada. Solamente después del ciclo de muerte y renacimiento quedaba liberada de sus confines. Parece probable que pensadores y filósofos más tardíos como Platón estuviesen influidos por ese modo de pensar.

El mito de Orfeo ha mantenido su atractivo después de la Antigüedad y ha inspirado a numerosos artistas a lo largo de la historia, como los músicos Claudio Monteverdi (1567-1643), que compuso L’Orfeo en 1607, Cristoph Willibald Gluck (1714-1787), autor de Orfeo y Euridice en 1762, y Jacques Offenbach (1819-1880), cuya ópera cómica de 1858 se conoce en fran­cés como Orpheé aux enfers, que podría traducirse como Orfeo en el mundo de los muertos. Orfeo también ha sido un tema favorito para Pablo Picasso (1881-1973), que lo trató en varias ocasiones. En la década de 1980 el pintor holandés Constant, uno de los fundadores del movimiento Cobra, creó una serie de lienzos sorprendentes en los que se veía a Orfeo tocando y cantando para los animales.

Se ha atribuído un gran número de poemas religiosos griegos en hexámetro, así como a otras figuras humanas milagrosas como Bakis, Museo, Abaris, Aristeo, Epiménides y la Sibila. De la vasta literatura sólo sobreviven dos ejemplos completos: un conjunto de himnos compuestos en algún momento del siglo II o III adC y una Argonáutica Órfica compuesta en algún momento entre los siglos IV y VI adC. La literatura órfica temprana que puede datar del siglo VI adC sobrevive sólo en fragmentos de papiro o en citas de autores posteriores.

Además de servir de almacén de datos mitológicos a lo largo de las líneas de la Teogonía de Hesíodo, la poesía órfica ha sido recitada en ritos mistéricos y rituales de purificación. Platón, en particular, habla sobre una clase de sacerdotes-mendigo vagabundos que podrían vagar ofreciendo purificaciones a los ricos, llevando traqueteando un remolque de libros de Orfeo y Museo (La república 364c-d). Aquellos que eran especialmente devotos de estos rituales y poemas frecuentemente practicaban el vegetarianismo, la abstención sexual y evitaban comer huevos. Este tipo de vida llegó a ser conocida como "Vida Órfica" (Orphikos bios).

La historia de Orfeo y Eurídice ha sido el tema central de óperas a lo largo de la historia de la música clásica europeo-americana, incluyendo el Orfeo de Claudio Monteverdi (1609), Orfeo y Eurídice de Christoph Willibald Gluck (1762), la opereta de Orfeo en el inframundo de Jacques Offenbach (1858), La máscara de Orfeo, de Harrison Birtwistle (1986), y la también inspirada Moulin Rouge! de Baz Luhrmann (2001).
  

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