jueves, 7 de agosto de 2014

MUNDO ENIGMA - LAS PROFECÍAS DE NOSTRADAMUS






EL VIDENTE QUE VIAJÓ EN EL TIEMPO




Michel de Nôtre-Dame (14 de diciembre de 1503 – 2 de julio de 1566) o Miquèl de Nostradama en occitano, fue un médico y consultor astrológico provenzal de origen judío, considerado uno de los más renombrados autores de profecías y eventos futuros. Su obra profética Las verdaderas centurias astrológicas y profecías fue publicada por primera vez en 1555.

Desde la publicación del libro, muchas personas se han visto atraídas por sus misteriosos versos (comúnmente escritos en cuartillas). La mayoría de sus seguidores afirman categóricamente que Nostradamus predijo todas las catástrofes del mundo, desde su época hasta el futuro año 3797, fecha en que supuso que acontecerá el fin del mundo. También colaboró con la aristocracia francesa, elaborando horóscopos para la reina Catalina de Médici, prediciendo sorprendentemente la muerte del rey Enrique II y, finalmente, siendo asignado como médico de la corte real por Carlos IX.

En contraste, muchas de las fuentes científicas afirman que la relación que existe entre los eventos mundiales y Nostradamus, es resultado de las traducciones e interpretaciones tendenciosas, con la finalidad de que coincidan plenamente con los acontecimientos que ocurren día a día. Por lo tanto, no hay evidencia cierta de que realmente Michel de Notredame haya hecho que las predicciones que son tan anunciadas tengan una clara identificación a la postre en el tiempo.

Interpretación de su obra

Relatos bibliográficos de la vida de Nostradamus afirman que temía ser perseguido por hereje por la Inquisición, ya que muchos otros, quienes habían publicado ideas polémicas en aquellos tiempos, habían sido torturados o quemados en la hoguera. Según algunos "intérpretes" de Nostradamus (porque según los escépticos no hay nada que interpretar, son palabras que galopan en libertad) por esta razón, y para evitar que alguien posteriormente cambiara el futuro utilizando sus profecías, Nostradamus decidió volverlas extremadamente crípticas, con omisiones de palabras clarificadoras que tal vez servían para respetar la métrica de la poesía, con alusiones o autorreferencia a otras partes de la profecía, con frases enigmáticas, con apócopes, metátesis y breves anagramas. 

Las cuartetas están cargadas de metáforas y de palabras griegas y latinas empleadas en un modo muy particular de Nostradamus, algo muy similar al método de Jorge Luis Borges. Probablemente debido a la oscuridad de sus cuartetas proféticas, éstas han perdurado por siglos y han sido a menudo interpretadas de forma distinta por diferentes estudiosos a lo largo de los años. Muchos libros han sido escritos basándose en estas varias interpretaciones, a pesar de que las diversas "lecturas" de su material han variado de una publicación a otra.

 La profecía que haría a Michel de Nostradame famoso en sus tiempos fue la cuarteta, de la Centuria I, 35, que según algunos predecía la muerte del Rey Enrique II de Francia. Cuando Nostradamus escribió su cuarteta acerca del Imperio Británico, Inglaterra era una pequeña potencia marítima pese a lo cual declaró osadamente que el reino insular eclipsaría a las grandes potencias coloniales de la época, como Portugal (los lusitanos), y se convertiría en un imperio mundial gracias al dominio del mar. En el decenio de 1960, el imperio británico ya había sido desmantelado casi por completo. Según Nostradamus los más de trescientos años nos llevaría a la época de Oliver Cromwell y su ley de navegación de 1651 que propició el rápido crecimiento de la marina mercante y la dominación de las rutas marítimas del mundo. Pempotam es una palabra creada por Nostradamus, la palabra latina potens, leída en francés suena potam y quiere decir potente. El significado de toda la frase sería potente por más de trescientos años.
 
Preparación y métodos para la profecía


Su poética crípticas cuartetas aún son reclamadas por algunos de ocultar información sobre los eventos futuros. Completó un total de 942 cuartetas que organizó en siglos - grupos de 100 cuartetas 
En general, los cuartetos proféticos de Nostradamus han pocas referencias objetivamente identificable. En unos pocos casos se da con las predicciones de una fecha concreta. Entre ellos, el cuarteto 51 del siglo 2, donde, según sus defensores, se habría referido a un evento que realmente ocurrió, proporcionar una fecha concreta: la quema de la catedral de St. Paul en Londres en 1666. 

Sus estudios médicos incluyeron escritos hechos por Alberto Magnus, Paracelsus y Cornelio Agrippa. Nostradamus poseía un libro sobre las claves de Salomón[cita requerida] y estudió la cábala judía, la cual afirma que la reunión con el Divino es posible a través del estudio del árbol de la vida, un camino místico con diez niveles de conciencia. En Sicilia entró en contacto con los místicos Sufi y leyó "El Elixir de la Extrema Felicidad", escrito por el maestro Sufi al-Ghazzali. Nostradamus también estudió "De Mysteriis Aegyptorum" (los misterios egipcios), un libro sobre magia caldea y asiria escrito por Jamblinchus (Jamblico, Iamblico), un neo-platónico del siglo IV.

Nostradamus empleó varias técnicas para entrar al estado meditativo necesario para acceder a futuras probabilidades. Para entrar en estado de trance incluyó los antiguos métodos de contemplación de la flama, contemplación del agua o incluso ambos simultáneamente. Estas técnicas fueron diseñadas para detener la mente y así lograr ver internamente. También usó una técnica de Branchus, el profeta délfico de Grecia, que consistía en sentarse sobre un trípode de bronce y contemplar el interior de un bol de bronce lleno con agua y varios aceites y especias. En su carta a Enrique II, Nostradamus dice "he vaciado mi alma, cerebro y corazón de toda preocupación y he logrado un estado de tranquilidad y quietud de la mente, los cuales son requisitos para predecir a través del trípode de bronce". En la actualidad, a diferencia de las épocas de extrema censura de Nostradamus, existen muchos libros que explican métodos para entrar a través de ellos en estado meditativo o "frecuencia cerebral theta".

Escepticismo

Los escépticos sostienen que su reputación como profeta ha sido construida por intérpretes de nuestros tiempos, que hacen calzar sus palabras con eventos que ya se han verificado o que son tan cercanos que pueden ser considerados como inevitables, un proceso conocido como "precognición retroactiva". Hay quienes sostienen que ninguna cuarteta de Nostradamus ha sido interpretada antes de que un determinado acontecimiento previsto por ésta se haya cumplido, o son de significado muy genérico (por ejemplo: habrá un incendio en occidente, comenzará una guerra espantosa en oriente).

Algunos estudiosos creen que Nostradamus escribía no como profeta, sino para comentar eventos que pertenecían a sus tiempos, escribiendo en su modo elusivo - usando una lengua críptica y metafórica - para evitar persecuciones. Esto sería parecido a la interpretación preterística del Apocalipsis de San Juan; tal vez quería simplemente escribir a propósito de eventos contemporáneos, pero con el pasar del tiempo sus escrituras fueron interpretadas como profecías. Los escépticos hacen notar, sin embargo, como en otros casos Nostradamus dio fechas precisas totalmente equivocado: en un cuarteto habría previsto la culminación de una larga persecución religiosa y salvaje para el 1792 (que nunca fue), en la destrucción de la otra la raza humana para 1732 y el tercero, un evento catastrófico para el año 1999. La mayoría de los cuartetos son los desastres de diversos tipos. 

La mayor parte de las cuartetas tratan sobre desastres de varios tipos, que incluyen epidemias, terremotos, guerras, inundaciones, asesinatos, aridez de la tierra, batallas y otros temas parecidos. Algunas profecías son genéricas, sin precisar lugares y fechas; otras parecen tratarse de un personaje o de un pequeño grupo de personas. Algunas se refieren a un solo pueblo o ciudad, otras enumeran poblaciones diferentes.

Vida & Obra

Nostradamus nació el 14 de diciembre de 1503 en la población de Saint-Remy, en Provenza. Era hijo natural de René y Jacques de Notredame. En su niñez le gustaba reunirse con sus abuelos, Jean de Saint-Remy y Pierre de Notredame, médicos personales del rey Renato y de su hijo, el duque de Calabria y Lorena, quienes le inculcaron el placer por la lectura, los idiomas y el estudio. Es notable que aprendiera con relativa soltura el latín, griego y hebreo y sintiera una especial predilección por las matemáticas. Más tarde su abuelo Jean le enseñaría lo que más tarde le daría la absoluta inmortalidad pública, es decir, el estudio de las ciencias astrales, la astrología.

Ya desde niño, Michel de Notre-Dame manifestó tener un carácter introvertido que lo caracterizaría durante el resto de su vida. La inteligencia brillante y su insaciable avidez de conocimientos, lo llevaron a tener como mejor amigo durante su infancia a una persona muy especial, que marcaría el rumbo de su educación.

 En su abuelo Saint-Rémy, Michel encontró la compañía amistosa y la comprensión intelectual que no podían brindarle sus padres y hermanos. De esta forma, pronto comenzó a acompañar a su abuelo en los quehaceres profesionales, mientras lo interrogaba lúcidamente sobre los secretos y teorías de su trabajo. Jean de Saint-Rémy se sentía orgulloso de la vocación médica de su nieto y se convirtió en su primer maestro en el difícil arte de la Medicina, en una época en que ésta se encontraba peligrosamente ligada a la superchería, inculcándole algunos principios revolucionarios. Gracias a esta influencia, a los catorce años, Michel de Notre-Dame ya era un intelectual de sólida formación, capaz de leer, escribir y hablar correctamente no sólo el francés materno y el hebreo hereditario sino también el latín, el griego y el italiano. También poseía avanzados conocimientos de matemáticas, pero su principal interés por el momento se centraba en la Medicina.
 
En la Francia del siglo XVI la profesión médica era una de las pocas permitidas a los judíos y una conversión que databa apenas de tres generaciones, bastaba para escapar a la hoguera de la Inquisición, pero no para hacer de los Saint-Rémy y de los Notre-Dame “católicos verdaderos”. De modo que ambas familias seguían siendo hebraicas ante la ley y no hubo objeción alguna para que su hijo se enrolara en la Universidad de Montpellier, una de las más famosas escuelas médicas de Europa. Sin embargo, Michel de Notre-Dame no fue directamente de Saint-Rémy a esta Universidad sino que primero viajó a la vecina ciudad de Avignon, donde ingresó en la Facultad de Artes. Tenía quince años y pasaría allí los tres siguientes, completando su formación intelectual. Recién en 1522 partió hacia Montpellier, donde estudiaría Medicina y, siguiendo la costumbre de la época, latinizaría su nombre convirtiéndolo en Nostradamus.

Según fueron avanzando los años, Michel de Notredame fue convirtiéndose en un insigne y respetado médico, además de herbario, creador de cosméticos y sustancias para conservar la fruta. Con el tiempo llegó a la Francia del Renacimiento el azote de la peste bubónica, que arrastró con su guadaña de la muerte a miles de personas entre los que se incluiría a su propia esposa e hijos. Esto hace que Nostradamus luche con todas sus fuerzas y todas sus ciencias por evitar mayores muertes entre la población, logrando con sus ungüentos de herbario, salvar la vida de miles de personas, pero la perdida de su familia le sumerge en una amargura difícil de superar y se arropa cada vez más en su práctica adivinatoria que años antes venía ejercitando con la intención, suponemos, de arrancar de su memoria el recuerdo de su familia perdida.

En Montpellier, Nostradamus encontró y comenzó a cumplir la primera parte de su extraordinario destino, adquiriendo las herramientas y conocimientos necesarios para convertirse en un medico famoso. En sus días de esmerado estudiante, vivió en el número 6 de la Rue del Foin y fue en el sótano dc esa casa que montó el primero de sus laboratorios. Encerrado en ese sótano profundizó los conocimientos transmitidos por su abuelo Saint-Rémy y aquellos adquiridos en la Universidad, dedicando interminables horas a la lectura ya los métodos científicos de indagación. Su carácter solitario e introvertido se fue profundizando, así como sus conocimientos de la misteriosa e inquietante ciencia No tuvo que esperar mucho tiempo para aplicar en el terreno práctico sus conocimientos científicos, y el sur de Francia que lo viera nacer sería el escenario de su primera práctica como médico de campaña.

Su lucha contra la Peste Negra

 Durante décadas la Peste Negra o peste bubónica había golpeado implacablemente Europa y todos los esfuerzos tradicionales habían fracasado en su intento por detenerla. Plegarias, discursos y castigos se mezclaban con sangrías y ungüentos en su inefectivo intento por combatir la epidemia llegada de Medio Oriente, que diezmaba sistemáticamente a la población sin diferenciación de clases sociales. En ese momento sólo había una verdad indiscutible frente a la enfermedad, la Peste Negra desaparecía cuando ya no quedara nadie a quién matar, para volver implacablemente en cuanto los pueblos se recuperaban. Frente a esa desoladora realidad, Nostradamus se dedicó a observar el comportamiento de esta enfermedad devastadora. Así advirtió que los pacientes enfermaban en forma súbita y caían como fulminados. Su examen revelaba manchas oscuras en pecho y abdomen, como también ganglios dolorosamente inflamados en axilas e ingles, llamados bubones.

El curso del mal era rápido y doloroso: fiebre altísima, delirio, vómitos, diarrea y, por último, convulsiones seguidas de muerte. Los cadáveres, a menudo contorsionados en posturas grotescas, con los ojos desorbitados y las lenguas hinchadas, se ponían negros con increíble velocidad. Conociendo lo irreversible del mal, los vecinos y parientes solían abandonar a los enfermos a su suerte, tapiándolos en sus hogares a menudo con sus familias si éstas no escapaban a tiempo. Las poblaciones se cerraban a los viajeros, las precarias comunicaciones se interrumpían, el comercio se paralizaba y las ciudades y los reinos entraban en el caos, mientras falsos profetas y predicadores florecían y medraban a la sombra de la desesperación general. En ese marco fue que, recordando las ideas de su abuelo Saint-Rémy y aplicando los resultados de sus propias investigaciones, Nostradamus se dedicó a combatir la enfermedad de raíz.

La conclusión a la que llegó el hombre que habría de profetizar, con magnífica precisión los más grandes acontecimientos ocurridos en los siguientes cuatro siglos era bastante sencilla, pero no por eso menos revolucionaria para el momento. Nostradamus observó que no sólo los remedios empleados eran absolutamente inútiles sino que, además, no se hacía nada para impedir la propagación del mal. La peste bubónica es una enfermedad propia de las ratas, transmitida a los seres humanos por la picadura de las pulgas que plagan a estos roedores y que la inoculan por medio de su saliva. Cuando una colonia de ratas contrae peste, los roedores mueren en grandes cantidades.

Las condiciones sanitarias del sigo XVI no estaban muy por encima de las del medioevo y la higiene era aún considerada como signo de vanidad y, por lo tanto, de la influencia del Demonio. Esas costumbres, sumadas a la deficiente nutrición, creaban el campo ideal para que la peste se expandiera en todas las direcciones. Los enfermos morían en malolientes habitaciones cerradas, porque se creía que el aire propagaba las enfermedades. El menor síntoma de enfermedad significaba una sangría que sólo servía para debilitar al paciente y el inútil tratamiento se completaba con purgas destinadas a limpiar el organismo de la enfermedad.

Nostradamus descartó estas y otras insensateces y atacó la peste como lo haría cuatro siglos más tarde otro médico francés, Louis Pasteur: con limpieza y aire fresco, reforzados en su caso por el empleo de hierbas medicinales. En aquellos días de muerte y terror, la profesión médica no era bien vista y muchos condenados maldecían a los supuestos encargados de curarlos, que sólo les infligían más y más dolor. La población desconfiaba de los médicos y los rumores hablaban abiertamente sobre influencias satánicas y castigos divinos. El joven doctor Nostradamus no se dejó acobardar por la hostilidad de sus compatriotas y siguió adelante con su revolucionario tratamiento, logrando curas que fueron calificadas de milagrosas.

Su batalla contra la peste duró varios años y lo llevó a Narhone, Carcasonne (donde fue médico personal del obispo Amenien de Fays, lo que lo protegió del recelo de sus colegas y las intrigas de la Inquisición) y Toulouse, antes de regresar a Montpellier en 1529 para seguir estudiando. Permaneció en esa ciudad tres años más, enseñando en la misma Universidad en la que se formara como médico antes de regresar a Toulouse, donde estableció su consultorio. En el ínterin, Nostradamus conoció a quien sería su primera esposa, Ana de Cabrejas. En 1534, ya casado y padre de dos hijos, recibió una invitación para radicarse con su familia en la ciudad de Agen, ubicada al norte de Toulouse. Así lo hizo y allí le esperaría su peor batalla contra la peste y aquella en la que la “Muerte Negra” lo habría de derrotar.

Las Centurias
     
El tiempo le convierte en un hombre temido y odiado, a raíz de la publicación en diez volúmenes de Las Centurias, libros en el que cuenta los resultados de sus visiones y profecías. Pero si odiado y temido era por las clases bajas de la sociedad, los supersticiosos y la propia iglesia, no ocurre así con la casa real francesa y la clase aristocrática de su tiempo que le concede todo tipo de crédito y se maravilla de los resultados proféticos que sucesivamente van desenvolviéndose. Las cortes europeas lo consideraban “la voz de Dios” y recibe la visita de ricos y nobles de toda Europa que solicitan sus servicios astrológicos.

Su triunfo y su fama eran ya grandes y esto le permitió vivir con cierta tranquilidad instalándose en una magnífica casa en la rue de la Poissonerie, en Salon. Contrajo segundas nupcias con una rica y viuda mujer de nombre Anne Posart Gemelle, quién le facilita una vida desahogada. Nostradamus puso en marcha un negocio de cosméticos que le mantenía ocupado durante el día, adquirió con esto un respeto de sus conciudadanos que le tenían por un cristiano ejemplar, que siempre acudía a misa y era un fiel defensor de la vida religiosa, pero llegado la noche colgaba su bata de herbolario y su “sotana” de cristiano apostólico y se instalaba en el pequeño ático de su casa, rodeado de sus astrolabios, varillas de virtudes, espejos mágicos y el cuenco de latón para realizar sus oráculos.
 
Todas las luces se mantenían apagadas cuando la oscuridad hacía su presencia en las noches de Salon, excepto una, la de Nostradamus que envuelto en sus instrumentos mágicos, se volcaba en la lectura del porvenir. Nadie sabe con certeza cuales eran las artes o técnicas que Michel de Notredame dominaba pero lo cierto es que sus predicciones tuvieron un altísimo porcentaje de aciertos que le llevaron a escribirlas en su tan afamada y reeditadas Centuria.

 Un libro con más de mil predicciones divididas en cien cuartetas. El libro se publicó en diez volúmenes y despertó las más dispares reacciones. Los unos decían que eran obra de un genio, los otros que provenían de Satanás, sus colegas médicos le tacharon de embaucador y los poetas y filósofos de su época no supieron como entender sus embrollados versos. Pero se granjeó la simpatía de la corte, siendo invitado por la propia reina Catalina de Médicis, una de sus más ávidas admiradoras.

En su obra profética, Nostradamus quiso recoger los acontecimientos relacionados con el futuro de la Humanidad, desde los días en que él empezó a escribir hasta el fin de los tiempos y es ya de todos conocido los innumerables aciertos de sus cuartetas. Algunas de las cuales son verdaderamente asombrosas. En ellas nos habló de asuntos que luego fueron cumplimentándose puntualmente: La revolución francesa, la llegada al poder de Napoleón, la Segunda Guerra Mundial, Hitler, Mussolini, Franco, la muerte de Kennedy y un larguísimo etcétera.
  


Enigmáticas y sugerentes, las cuartetas proféticas reunidas por Nostradamus en sus Centurias brillan con misteriosa intensidad. No obstante, Nostradamus no redactó sus profecías pretendiendo rigor, sino llevado por su olfato y su inspiración. Habida cuenta de la celeridad con la que evolucionan las sociedades, la osadía de su empeño merece admiración. Cosa bien distinta es estimar válidas sus predicciones, como siguen haciendo muchos. Éstas aparecen redactadas en un lenguaje ambiguo y en cuartetos rimados, lo cual dificulta aún más su interpretación. Cabe pensar que este carácter confuso fue desarrollado intencionadamente por Nostradamus a fin de que sus predicciones pudieran ser interpretadas por las futuras generaciones tanto en un sentido como en otro. De este modo son los acontecimientos los que se ajustan a las profecías y no al revés.

En un lenguaje sibilino y hermético, sin orden cronológico, las cuartetas de las Centurias exponen profecías y pronósticos sobre una edad histórica que llega hasta el año 3797. Sin embargo, otras corrientes estudiosas de su obra afirman afirman que de acuerdo con la predicción del profeta, un sucesor de color, en el siglo XXI, marcará el fin del mundo. Según la temida profecía -Décima Centuria-, el sucesor de piel oscura será el último antes de la Apocalipsis:

  "Al principio habrá enfermedades mortales como advertencia; luego habrá plagas, morirán muchos animales, habrá catástrofes, cambios climáticos y finalmente empezarán las guerras e invasiones del rey negro".
   
Nostradamus murió el año 1566, a consecuencia de una hidropesía y, paradojicamente, el hombre que había vaticinado tantos acontecimientos venideros, también lo hizo con la hora de su muerte. El último escrito de su almanaque reza así:

    "A su retorno de la embajada, el obsequio del rey puesto en su sitio. Nada más hará. Irá a reunirse con Dios. Parientes cercanos, amigos, hermanos de sangre (le encontrarán) completamente muerto cerca de la cama y del banco".

Y así es exactamente como lo encontraron.



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