jueves, 2 de octubre de 2014

VIDA & OBRA - ANTONIN ARTAUD (1896-1948)







SEMBLANZA SOBRE EL ESCRITOR MALDITO





Para ayudar a esclarecer un poco la figura nebulosa de Antonin Artaud, es preciso configurar un perfil biográfico que pueda darnos algunas pistas sobre el origen y desarrollo de su convulso proceso vital.

El 4 de septiembre de 1896 nació en Marsella (la capital del Mediterráneo). A los cinco años sufrió su primera disociación con el “cuerpo organizado”, pues padeció una aguda meningitis que “lo llevó hasta el umbral de la muerte y lo sumergió repentinamente, en el universo absurdo del dolor” 1, tal como lo anota Otto Hahn. En adelante, Artaud recordaría la niñez como algo muy cercano a la muerte, donde un sonido o un grito eran inmensos fantasmas. Fue así como empezó a asumir su infancia, en medio del escándalo de su propio yo.

Entre los seis y los ocho años, vivió “periodos de tartamudeo y de horrible contracción física de los nervios faciales y de la lengua” 2. Ni su pequeña hermana Germaine (quien murió cuando Artaud tenía ocho años), ni su padre (casi ausente) fueron compañías vivificantes que le sirvieran para ayudar a paliar su infantil desasosiego. Sólo a los veintiocho años, cuando vio fallecer a su padre, Artaud sintió por fin, el abrazo de ese cuerpo que se despedía, confirmándole que también él había vivido atormentado por su propio cuerpo. Con esta liberadora revelación, llegó a convencerse de que “hay una mentira de ser contra la cual hemos nacido para protestar”: el cuerpo. La relación con su madre, que pudo ser más cercana, tampoco logro afianzarse. Nunca vio en ella la protectora que pudiera colmarle su soledad, más bien la sintió como alguien contradictorio, que al mismo tiempo que le brindaba una caricia, lo entregaba rigurosamente a los dictámenes del médico. Con ella tuvo un agudo conflicto, todos sus pasos eran opuestos, y las discusiones permanentes, le servían para atizar el fuego de la enfermedad.

Cuando Artaud llegó a los diecinueve años, tuvo la primera experiencia de estadía en una clínica: La Rougière (cerca a Marsella). Al año siguiente, continuó el periplo por diversas instituciones médicas (más de cuatro) debido a los fuertes “dolores nerviosos” que lo aquejaban. Desde ese momento, la sociedad y su entorno empezaron a manifestársele como absurdas, ante lo cual, optó por el fortalecimiento espiritual, como una voluntad de poder, para poder resistir pero reafirmándose, es decir, diciéndose “sí a sí mismo”.

En 1920 llegó a Paris para internarse en una de las mejores clínicas psiquiátricas de Europa. Allí publicó sus primeros poemas, gracias al apoyo del doctor Toulousse, director de la clínica. En esos poemas expresa su deseo de romper con todas las instituciones que “contaminan los juicios del hombre”, o sea, aquellas regentadas por los “educadores”, que para él, son los “malos consejeros”.

En 1921 estableció sus primeros vínculos con el mundo del teatro, donde encontró, inicialmente, alguna motivación existencial. Este hecho coincidió con el conocimiento de Génica Athanasiou, la mujer de su vida, con quien compartiría varios años, y tendría luego una relación epistolar. Esos son también los años en que empieza a vincularse con el surrealismo, bajo el claro precepto de querer inventar una nueva forma de relación humana. Producto de esas reflexiones estéticas, son los dos libros que publicó en 1925, El pesa nervios y El ombligo de los limbos.

Desde 1926, Artaud vio la necesidad de crear un espacio donde pudiera empezar a darle una nueva forma a sus intuiciones sobre el mundo teatral. Junto con Roger Vitrac y Robert Aron, fundaron el “Teatro Alfred Jarry”. En el manifiesto inaugural, Artaud anunciaba que “… no es al espíritu o a los sentidos de los espectadores a los que nos dirigimos, sino a toda su existencia. A la de ellos y a la nuestra. Arriesgamos nuestra vida en el espectáculo que se desarrolla sobre la escena” 3. El avance de esas y otras posturas libertarias, desarrolladas por Artaud, le trajeron el rompimiento con los surrealistas en 1927. Posteriormente, debido a que el proyecto en el “Teatro Alfred Jarry” también se vio frustrado en 1930, se dedicó a configurar una nueva relación con el teatro, y de esas reflexiones y experiencias, surgió en 1932, el primer manifiesto del Teatro de la crueldad.

Desde 1932 hasta 1935 vivió unos años de intenso trabajo investigativo y dramatúrgico. Publicó, Heliogábalo o el anarquista coronado, en 1934, y realizó varias puestas en escena, adaptando obras clásicas y poniendo en práctica su naciente propuesta del Teatro de la crueldad. A partir de 1935, sus nervios empezaron a exaltarse y su capacidad física no resistió tantas intensidades. Vivió meses críticos, marcados por el fracaso, la desconfianza y la falta de dinero. Ante esa difícil situación decidió embarcarse hacia México en 1936, con la firme convicción de querer cambiar de vida. En México vivió junto a los indígenas tarahumara y conoció los efectos del peyote, algo que le resultaría fundamental para su posterior desarrollo creativo. A finales del mismo año retornó a Francia y a mediados del siguiente, se encaminó hacia Irlanda, de donde fue deportado debido a su precaria condición económica y emocional.

El retorno a su país natal, marcó el inicio de un vía crucis por diversos centros psiquiátricos, donde su estado anímico llegaría a ser lamentable. En 1943 es trasladado a Rodez. Allí retomó su labor intelectual y escribió compulsivamente breves textos, adaptando algunas obras inglesas. Al parecer, su condición empezaba a mejorar, y el influjo de los discursos cristianos que escuchaba en la clínica había generado un efecto positivo. Llegaría a declarar que abandonaba la visión mítica e intelectual del mundo y que propendería por una objetivación de todo, con el ánimo de encontrar la libertad y la felicidad. La supuesta mejoría, le permitió recuperar la libertad a mediados de 1946. Desde ese momento y hasta su muerte el 4 de marzo de 1948, realizó sus obras más importantes (luego de haber recuperado su espíritu libertario, misterioso, oscuro y provocador): Artaud el Momo, Van Gogh el suicidado por la sociedad, y la emisión radiofónica, Para acabar con el juicio de Dios. Además, escribió numerosos artículos que fueron publicándose luego de su muerte, la cual tuvo lugar en la clínica de Ivry-sur-Seine, a donde debió recurrir debido a la condición extrema de ansiedad que volvió a dominarlo durante sus últimos días.

De igual manera, Artaud nos invitaba a terminar con el Juicio de Dios (ese estrato orgánico que busca lo útil por medio de formas, uniones, organizaciones dominantes y trascendencias jerarquizadas). Contra aquella estratificación es que se proyecta la unidad de lo múltiple (la anarquía coronada de Heliogábalo). Dicha multiplicidad va más allá de cualquier oposición y rompe con el movimiento dialéctico hegeliano. De esta manera, el Juicio de Dios, es el organismo que debe ser reemplazado por nuevos principios (flujos, soplos) y no por otros dioses.

Para cerrar esta aproximación a la obra de Artaud, retomo las palabras de Derrida cuando nos invitaba a establecer nuevas relaciones con la obra de Artaud: “leerlo debería implicar resucitar su voz, leerlo imaginándolo proferir sus textos”; remitiéndose a unos versos que hacen parte de la declaratoria, Para Acabar con el juicio de Dios:




Átenme si quieren,

pero tenemos que desnudar al hombre

para rasparle ese microbio que lo pica

mortalmente

dios

y con dios

sus órganos

porque no hay nada más inútil que un órgano.

Cuando ustedes le hayan hecho un cuerpo sin

órganos lo habrán liberado de todos sus

automatismos y lo habrán devuelto a

su verdadera libertad.

Entonces podrán enseñarle a danzar al revés

como en el delirio de los bailes populares

y ese revés será

su verdadero lugar.


Obra: 

-L'ombilic des limbes, Editions de La Nouvelle Revue Française, Paris, 1925.
-Le pèse-nerfs, Leibovitz, Paris, 1925.
-La coquille et le clergyman (1927)
-L'art et la mort, Denoël, Paris, 1929.
-Le moine, de Lewis, raconté par Antonin Artaud, Denoël & Steele, Paris, 1931.
-Héliogabale ou l'anarchiste couronné, Denoël & Steele, Paris, 1934.
-Les nouvelles révélations de l'être, Denoël, Paris, 1937.
-Le théâtre et son double, Gallimard, Paris, 1938.
-D'un voyage au pays des Tarahumaras, Editions de la revue Fontaine, Paris, 1945.
-Van Gogh le suicidé de la société, K éditeur, Paris, 1947.
-Artaud le Mômo, Bordas, Paris, 1947.
-Ci-Gît précédé de La culture indienne, K éditeur, Paris, 1947.
-Artaud le Mômo (1947)
-Pour en finir avec le jugement de Dieu, K éditeur, Paris, 1948.


2 comentarios:

  1. De Artaud también tienen sumo interés lis dibujos -algunis casi cuadros- que realizó durante su estancia en alguna de las clínicas mentales por las que pasó. Hace pocos años vi una exposición en Madrid que presentaba algunos de estos dibujos.

    Buen post como casi siempre.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu aporte Juan Carlos. Y gracias por la felicitación, como casi siempre.

      Eliminar