jueves, 26 de febrero de 2015

ARTE VISUAL - EJERCICIO PLÁSTICO (1933) de David Alfaro Siqueiros










Ejercicio Plástico es el mural realizado por el artista mexicano David Alfaro Siqueiros, junto a los artistas argentinos Lino Enea Spilimbergo, Antonio Berni y Juan Carlos Castagnino, y el escenógrafo uruguayo Enrique Lázaro. Esta obra fue realizada en 1933, en el sótano de la quinta Los Granados, ubicada en Don Torcuato, Provincia de Buenos Aires, perteneciente a Natalio Botana, dueño y fundador del diario Crítica.

Invitado por Victoria Ocampo para dar tres conferencias en la Sociedad Amigos del Arte, Siqueiros llegó a Buenos Aires a principios de 1933, y en las primeras dos charlas se las ingenió para irritar a la intelligentzia porteña, exhortando a los artistas vernáculos a “sacar la obra de arte de las sacristías aristocráticas y llevarla a la calle, para que despierte y provoque, para libertar a la pintura de la escolástica seca, del academicismo y del cerebralismo solitario del artepurismo, para llevarla a la tremenda realidad social, que nos circunda y ya nos hiere de frente”.

Siqueiros es considerado, junto con José Clemente Orozco y Diego Rivera, uno de los artistas-revolucionarios más importantes de su tiempo, asociado a la pintura mural de carácter social ejecutada con fines educativos y populares, generalmente realizada en edificios públicos.  David Alfaro Siqueiros llega a la Argentina con el objetivo de acercar las propuestas del muralismo desarrollado en su país y brindar un ciclo de conferencias acerca del rol del artista y la utilidad del arte en la sociedad latinoamericana. Esos encuentros despertaron críticas, incluso escándalos, en la sociedad porteña de 1933. El artista mexicano se hallaba en la búsqueda de nuevas tecnologías y pinturas industriales que pudieran conceder un carácter transformador a la pintura mural. La sustitución de bocetos por el uso de la fotografía; la utilización del cinematógrafo proyectando las imágenes sobre el muro, el empleo de la “brocha de aire” en reemplazo del pincel, son algunas de las innovaciones implantadas por el artista.

 El Equipo Poligráfico conformado por este grupo de artistas tenía como intención crear la ilusión de movimiento en las figuras representadas y así generar en el espectador una sensación muy especial: la idea que el visitante se sintiera como dentro de una caja de cristal sumergida en el mar. La obra resulta paradójica en varios sentidos: es la única pintura mural realizada por Siqueiros que carece totalmente de contenido político-social. Los artistas en el manifiesto escrito se encargaron de aclarar que se trataba de una “gimnasia plástica”, de un ejercicio pictórico de búsqueda y experimentación. Ejercicio Plástico es considerado a nivel internacional como una obra cumbre del arte latinoamericano.

En medio de la polémica provocada por las dos conferencias, Botana le propuso a David que pintara un mural en el sótano de una casona de 1300 metros cuadrados que había mandado a construir en Villa Los Granados, próxima a Don Torcuato. “La casa –dijo el periodista Juan Ignacio Boido- era un repertorio de lugares comunes del nuevorriquismo: arañas de setenta velas; un sistema de micrófonos y parlantes que conectaba la pajarera del jardín con la cabecera de la cama del dueño de casa a manera de despertador; estufas, chimeneas, patios y puentes de estilos incompatibles, procedentes de caudalosas importaciones”.

El sótano en cuestión tenía 200 metros cuadrados y un techo abovedado. Siqueiros convocó a Berni, Castagnino, Spilimbergo y al uruguayo Lázaro, y se lanzó a cubrirlo de desnudos femeninos (piso incluido), inspirándose en la figura de su esposa. Lo hicieron con pinturas sintéticas, que volvieron prácticamente indeleble al mural. El resultado fue “Ejercicio plástico”, un mural atípico para Siqueiros, ya que no tenía precisamente contenido político o social: el artista se había inspirado en la figura de su mujer, Blanca Luz Brum, para inmortalizarla en ese espacio de doscientos metros cuadrados, ubicado en el sótano de la Quinta Los Granados, propiedad de Botana. Pero las pasiones y traiciones producidas durante la estadía de Siqueiros en Buenos Aires también quedaron para la posteridad. Es que su mujer tuvo romances con Botana y con el poeta Pablo Neruda. Y mientras Siqueiros se volvió a México (para luego alistarse en el ejército republicano con la idea de pelear en la Guerra Civil Española), Brum se quedó un tiempo en la Argentina.

Más tarde Siqueiros escribiría: “Acepté pintar una obra que no posee ideología revolucionaria y que carece de beligerancia política, ya que en ese ámbito no cabía tal cosa. Sólo era ahí posible por causas demagógicas, inaceptables para nosotros. La plástica de lucha proletaria se realiza en la calle (…) Ese mural es un fruto forzoso de nuestra condición de productores asalariados”. Tres meses después de finalizada la obra, el mexicano fue “invitado” a abandonar el país por participar en actividades sindicales. Lo hizo solo, ya que su esposa se quedó en Buenos Aires con Botana, hombre de irresistible billetera mata galán. En 1948, la Villa Los Granados fue loteada y rematada. El lote en que se encontraba el caserón fue comprado por Alvaro Alsogaray, el padre de María Julia. Cuando la mujer de Alvarito descubrió los desnudos pintados en el sótano, mandó a rociarlos con ácido. Como la pintura resistía, ordenó taparla con cal y clausurar el recinto.

A fines de los ´50, los Alsogaray vendieron la casa a la familia Vadell, que contrató a Juan Carlos Castagnino para que restaurara el mural, tarea que consistió básicamente en remover la cal. En 1986 los Vadell vendieron el inmueble a José Pirillo; por entonces, dueño del diario La Razón. Ocurrió que Pirillo solo pagó 80 mil de los 200 mil dólares acordados. Dos años más tarde, el grupo Seville adquirió el lote con el propósito de desmantelar el mural y hacer con él una muestra itinerante. Para ello se redujo el ancho de las paredes de 60 a 2 centímetros, y se lo cortó en siete partes para poder guardarlo en cinco containers especialmente acondicionados.

El proceso de recuperación de la obra comenzó en 1990 cuando la quinta Los Granados fue comprada por una empresa con la intención de llevar la pieza de gira por el mundo. Estos particulares, asesorados por el maestro mexicano Manuel Serrano, especialista en muralismo y restauración, llevaron a cabo la dificultosa tarea de extraer el mural del sótano de Don Torcuato. Debido a un litigio legal entre empresas que se disputaban su propiedad, la obra permaneció 16 años guardada en contenedores, en una playa de grúas ubicada en la localidad de San Justo, Provincia de Buenos Aires.


Link - "Los Próximos Pasados" (2007, Lorena Muñoz): 



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