lunes, 23 de febrero de 2015

DIAS DE RADIO - EL CINE Y LA RADIO (parte IV)







La radio como mundo representado



Si acabamos de citar la posibilidad de un aparato de radio como colaborador en la construcción y desarrollo de la trama, al estar el aparato situado en algún lugar del decorado, ya está sirviendo como síntoma de un estilo de vida, de una época, como índice histórico. Esta misma capacidad de la radio en las películas sobre la Guerra Civil y la postguerra no son más que eso, el documento de una época histórica en España76

En este sentido, la radio como mundo representado adquiere dos vertientes en el cine, como descriptor cronotopográfico, como elemento documental de una época o como ambiente, como lugar en el que se desarrolla la acción, es decir, la emisora de radio, el periodismo y el espectáculo radiofónico por dentro. En muchos casos la perspectiva narrativa anterior y ésta que ahora describimos van indisolublemente unidas como veremos en los análisis de las películas que proponemos en este artículo. Lo cierto es que desde los años treinta en el cine americano no había productora que se preciara que no tuviera dos tipos de productos: uno el de películas de estrellas de la radio, como profesionales; el otro, el de películas que retomaban personajes ficcionales de la radio y los desarrollaban en películas, muchas de ellas en serie B. Y, desde luego, no es práctica olvidada, ni la primera ni la segunda, que veremos en el siguiente apartado en tanto que se trata de adaptación de texto radiofónico.
Sólo en los títulos de películas se pueden contabilizar cerca de doscientos repartidos por todas las filmografías nacionales en los que se puede leer la palabra «radio». Desde la más antigua localizada de nacionalidad americana, en blanco y negro y muda, titulada Felix and the radio (Otto Messmer, 1923), hasta la más reciente de nacionalidad británica Representative radio (Richard Janes, 2001), se puede relacionar todo un catálogo donde figuran buena parte de directores de prestigio y de títulos sobradamente conocidos, desde Frank Capra hasta Woody Allen, o en el caso español, desde Luis Lucia hasta Pedro Almodóvar77. Programas musicales, concursos, radionovelas, consultorios sentimentales, informativos, toda la gama de la programación radiofónica queda reflejada en las películas78.

Historias de la radio (J. L. Sáenz de Heredia, 1955)83

Historias de la radio y Solos en la madrugada no son exclusivamente dos títulos útiles para estudiar la representación de la radio por dentro. Suponen además dos momentos importantísimos de la evolución de la Historia del cine español y, especialmente, dos tiempos y dos modos diferentes de la Historia y la producción de radio en España. El punto de inflexión que marca la separación entre ambas líneas es, cómo no, la etapa de la transición política española, el paso de la dictadura franquista a la democracia. En tan sólo veinte años de diferencia, la observación de las dos películas nos conducirá a la evidencia de dos tipos de cine muy diferentes de calidad técnica, de técnicas narrativas y de intenciones sociales; y nos conducirá de la radio espectáculo a la radio intimista. La radio, como altavoz del frente y como medio propagandístico de la Guerra Civil, se fue transformando durante la posguerra en una radio ideológica y evasiva, en una radio espectáculo cargada de programas piadosos que ayudaran a la población española a mantener la esperanza y a olvidar su pobreza, es la radio de Historias de la radio. En la encrucijada democrática se produce también en España la liberalización de las ondas, la llegada de las frecuencias moduladas, la transformación del estilo espectacular en el de la radio cercana, individual e intimista; es la radio de Solos en la madrugada. José Luis Sáenz de Heredia es un director que se consagra en el franquismo y realiza Raza. José Luis Garci comienza su andadura como director de largos con la Democracia y se vincula ideológicamente en estas fechas a las corrientes democráticas clandestinas. Dos historias de la radio y dos historias del cine.

Historias de la radio está organizada en una estructura episódica, con tres historias internas que penden de una historia central aglutinante, la sucedida a un locutor de Radio Madrid, Gabriel Matillas (Francisco Rabal), con la ayuda explicativa de un narrador externo que de vez en cuando aclara al espectador la nueva situación, para que no se pierda entre historia e historia. Gabriel atraviesa por problemas laborales debido a su carácter soberbio; es rebajado al ser cambiado de una revista de variedades, programa exitoso, a presentar gimnasia y guías comerciales. Desde que comenzó acompañando a otro locutor hasta que se queda sólo con el programa y hasta que de nuevo cae en desgracia, suceden en dichos programas anécdotas con los oyentes. Tres, en concreto. La primera de ellas es la historia de un pobre hombre mayor (José Isbert) que consiente en participar en un concurso par a conseguir tres mil pesetas para financiar el invento que trae entre manos. Debe ir a la emisora vestido de esquimal, con trineo y perro incluidos. No llega a tiempo, pero el buen corazón de Boby Deglané, en persona, lo remedia, dándole la cantidad de su bolsillo al conocer el fin que quería dar a ese dinero. La segunda historia arranca a partir de un concurso radiofónico. El locutor llama a una casa y el propietario debe presentarse en la radio antes de media hora para obtener dos mil pesetas. 

El problema está en que llama a una casa y lo coge un ladrón que estaba abriendo una caja fuerte. Es un inquilino que debe varios meses de alquiler a su casero. Cuando conoce el concurso, y pensando en saldar su deuda con ese dinero, va a buscar al robado, que estaba en misa, y lo convence para ir a la radio a por el dinero. Cuando se descubre que estaba en su casa para robarle, el cura del barrio intercede y arregla el problema de los dos enfrentados, dándoles una lección de caridad al enseñarles cómo él da de comer a diario a un ladrón sacrílego, que todos los días roba el pan que él mismo deposita en el cepillo de San Antonio. La tercera historia narra la peripecia de un niño enfermo que cuenta con un médico en Estocolmo dispuesto a operarlo gratuitamente pero su madre carece del dinero para los pasajes de avión. Todo el pueblo se moviliza en una colecta que resulta insuficiente y es entonces cuando el sargento de la Guardia Civil tiene la idea de que el maestro vaya a Doble o nada, concurso donde cada vez que se responde una pregunta se duplica la cantidad. D. Anselmo es despedido por todo el pueblo cuando monta en el autobús camino del éxito en el concurso. Al final, el periodista, tras unos días desaparecido, vuelve redimido y dispuesto a comenzar una nueva vida más humilde en compañía de una locutora de la radio enamorada de él, declaración amorosa que se cuela en directo por las ondas.

Sin nada que envidiar a Berlanga, con todas las distancias, aunque sin su ironía y descreimiento y una buena dosis de paternalismo, la película es todo un fresco de la España de capa y sombrero, de señoritos calaveras, de ignorantes y, sobre todo, de necesitados. Siempre con moraleja y sentimentalismo, desde que en el primer episodio el locutor da de su bolsillo las tres mil pesetas, o en el segundo cuando el propio cura proporciona pan al ladrón que va diariamente a saquear el cepillo de pan de San Antonio, o en el tercero donde se intenta poner una pregunta muy difícil al maestro, nos encontramos ante un melodrama costumbrista, con San Nicolás animado incluido. Sin embargo, se trata de un costumbrismo urbano, aunque con reflejo también de la sociedad rural en la última historia. Sáenz de Heredia responde así a una tendencia del cine de la época, que alternaba la comedia urbana de este tipo con la comedia rural surgida a partir de Bienvenido Mr. Marshall. Esta comedia de los cincuenta se caracterizó en buena medida por sus «estructuras narrativas de carácter episódico, donde se relataban las vicisitudes paralelas y relativamente confluyentes de diversos personajes, muchas veces reunidos por parejas (de forma que se habló también del «cine de parejas»). 

La mejor manifestación de esta tendencia se dio en el marco de la llamada comedia profesional, punto de arranque del cine del desarrollismo»84. Se denomina como comedia profesional a los títulos que aparecieron con protagonistas regidos por sus profesiones: periodistas, abogados, modelos, médicos, taxistas, telefonistas, secretarias... Etapa que supone la consolidación del franquismo y el poder estatal sobre el aparato cinematográfico. Ciertamente, la película que nos ocupa responde a una España urbana, las dos primeras historias transcurren en Madrid, más la tercera que es en principio rural, ya que arranca en una pequeña aldea próxima a la capital, Horcajo de la Sierra, y del mismo modo el núcleo aglutinante que transcurre en la misma sede de la emisora de radio. Es reflejo, por tanto, de la tendencia del momento en cuanto a profesiones, en este caso la de periodistas.

En este panorama se inserta la obra de Sáez de Heredia, de amplia y heterogénea filmografía. La obra de Sáenz de Heredia (1911-1992) es bien conocida por haber sido uno de los directores más sobresalientes del país y de una época. A él se deben títulos importantísimos para los historiadores de nuestro cine y muy celebrados por los espectadores españoles85.

Nuestra película Historias de la radio (1955), que tuvo su correlato con el mismo director en Historias de la televisión (1965), está ubicada en los años cincuenta, década en la que Sáenz de Heredia realizó Don Juan (1950), Los ojos dejan huella (1952), Todo es posible en Granada (1954), Faustina (1956), Diez fusiles esperan (1958). Demostrando esa experiencia, contempla en esta misma película diversos tonos de cine, desde el melodrama del niño enfermo, hasta la parodia del cine negro en el episodio del ladrón, homogeneizado por un humor blanco que recorre toda la película, que queda siempre teñida del barniz de lo sainetesco. A este respecto dijo de ella Ríos Carratalá que, como en lo sainetesco, en la película dominan los antihéroes, «ingenuos, honrados, bondadosos, solidarios, simpáticos... y perdedores».

No nos debe extrañar, por lo tanto, que en una película -Historias de la radio- de alguien tan identificado con el franquismo como José Luis Sáenz de Heredia se nos muestre una España donde hay miseria moral y material, injusticias, violencia, falta de derechos individuales y colectivos... y un largo etcétera que dista de constituir una imagen ideal. Y es que el sainete o lo sainetesco siempre han manipulado la realidad, pero nunca la han podido ocultar porque, de haberlo hecho, habrían dejado de ser tales. Por ello, quienes han abogado por un teatro o un cine enraizados en nuestra cultura a menudo han recurrido a un género nada ingenuo a pesar de las apariencias.86

Si con ello enmarcamos la película en ese momento histórico y en esa forma de hacer cine, nos queda aún su contextualización en el mundo radiofónico. La presencia radiofónica en el filme sucede desde el primer plano. Comienza con una primera referencia a la radio con un plano contrapicado de un torreta de emisiones sobre la que se proyectan los créditos y una música claramente de comedia. Visualmente la referencia no puede ser más directa, cuando, entrados en materia, se observa una radio en la mesita de noche de un dormitorio. Estructuralmente, las tres historias están separadas por el nexo de unión de la radio y unos señores en una pensión haciendo gimnasia por la mañana lo que indica el nacimiento de un nuevo día y de una nueva historia. Pero son muchas las referencias radiofónicas del filme, que podrían ser hasta agrupadas, pues el mundo de la radio es observado y remitido desde todas sus perspectivas:

1.- Desde el punto de vista de la función social. Reiterar la importancia de la radio como medio-estrella en estos años de posguerra sería redundante. Baste con recordar cómo la película lo demuestra. Así, al comienzo, lo primero que se ve es una radio antigua en un sitio insólito, una mesita de noche, en una pensión. Un hombre va a avisar a otro por la mañana para juntos oír un programa de gimnasia y practicarla. Este hecho indica rasgos de la importancia de la radio en la época: situada en lugar de privilegio de la estancia y escuchada en compañía. En esa misma secuencia se observan dos de los modos de oír radio: como fondo, mientras se hace otra cosa, o prestando atención. En el siguiente episodio se oye la radio como acompañamiento del trabajo en el taller. En el último, los personajes se reúnen junto a ella para oírla y hasta se coloca en una plaza del pueblo para ser seguida en multitud a través de altavoces. Todos estos usos de la radio, la radio útil, formadora, informativa, de entretenimiento, hacen que se cumpla en la película la máxima de las tres funciones de la radio ya clásicas: formar, informar y entretener.

2.- Desde el punto de vista de la programación. No sólo los modos de oír radio toman cuerpo en el filme, también el tipo de programas: el programa de la oración matinal, la tabla de gimnasia, las guías comerciales, las revistas de variedades o magazines, los concursos y la publicidad, los programas infantiles. Todos ellos corresponden a una programación vinculada a la radio espectáculo que dominó el franquismo, en detrimento de la radio informativa, que, como es natural, no suele gozar de la importancia que merece en épocas de carencia de libertad de expresión. Para hacer olvidar esa carencia radiofónica y otras más de primera necesidad estaban los programas de variedades, miscelánea de entrevista con actuaciones musicales y concursos, con publicidad in voce, directamente en boca del locutor, que promociona a los patrocinadores del espacio. Los propios métodos resultan en general muy humorísticos, de un humor blanco propio también de la época. Recuérdese el eslogan de las Galletas Cruz y Raya que patrocinan el programa de Deglané, con el concurso de presentarse vestido de esquimal con trineo y perro, o el de «Si te encuentras un ratón, pon a lirón, pon, pon», eslogan del programa de Gabriel Matillas. Muchas de estas fórmulas programáticas, si no todas, pueden parecer caducas y extinguidas. Sin embargo, y aunque no hemos sido capaces de localizar en la radio española actual ninguna tabla de gimnasia, sí continúan existiendo cadenas que dan la misa por radio los domingos, o el angelus todos los días a las doce, e incluso otras que mantienen programas matutinos de reflexiones cristianas. Y también de vez en cuando se mantienen experiencias de hacer llegar a personas a la emisora de radio con algún tipo de característica especial87. Pero ninguno de los programas aparecidos en Historias... es casual, ni casi ficcional. Los programas de reflexiones católicas proliferaron mucho en la época del nacionalcatolicismo. 

Fueron famosos los padres Venancio Marcos y Ángel Villalba, este último especializado en orientación matrimonial. El primero fue llamado «el padre de la radio» y desde el año 44, en Radio SEU, practicaba esta predicación; luego pasó en el 45 a la SER con un espacio llamado Charlas de orientación religiosa. En el 52, a RNE. Interpreta su propio papel en Historias de la radio en la primera secuencia: la radio también como púlpito88. Y hay más. En la temporada de 1954 en Radio Madrid, se emitía el programa Cruzada del Rosario en familia. ¿Presentado por quién? Presentado por Maribel Alonso y Paco Rabal89. Este actor, además de otras muchas facetas, también cultivó la radio, participando con Deglané, precisamente, y de él se llegó a decir, en concreto, el famoso Percy Brown90 llegó a decir que era la pareja ideal para la radio junto con Aurora Bautista. El chileno Deglané tuvo en Radio Madrid un concurso titulado Doble o nada al final de la Segunda Guerra Mundial de donde se toma la referencia en la película. El otro programa real que aparece en la película se llamaba Busque, corra y llegue usted primero presentado por Joaquín Soler Serrano desde Radio Barcelona, un locutor especializado en concursos. Este programa fue de 1954, y como muchos otros era patrocinado por las máquinas de coser Sigma.

3.- Desde el punto de vista de la producción. En 1955 todavía no se habían generalizado los televisores en todos los hogares y la película ofrece al público la oportunidad de conocer la radio por dentro. Y lo que se ofrece es el sistema de producción de la radio en directo con público. Aparece una auténtica estrella de la radio: Boby Deglané. Se observa cómo las mujeres sienten admiración por los locutores como hoy por los actores de cine. Aparece Radio Madrid, dicho en boca del locutor y en el tapiz del fondo del escenario del estudio donde pone SER (Sociedad Española de Radiodifusión). Y, por supuesto, queda, sin duda, un elemento muy importante desde el comienzo en la comunicación radiofónica con sus oyentes: el teléfono, que ahora es el teléfono móvil y que sirve no sólo para la comunicación con los oyentes sino para la llegada inmediata y ligera de equipaje de los periodistas a las escenas de los acontecimientos que son de actualidad. El papel de los oyentes como elementos fundamentales para la identificación y compromiso del oyente en casa, con las llamadas, la presencia del público en el estudio, los saludos a los familiares y las cartas para dedicar canciones son otros de los rasgos que se fueron perdiendo de esta radio comunicativa y directa que se echará de menos en los años 70 y que se retomará en las décadas posteriores.

4.- Desde el punto de vista del lenguaje. La locución y el estilo periodístico que inundan la película corresponden al estilo grandilocuente y engolado de la antigua radio comercial española anterior a los años 60, muy ampulosa y declamatoria y con un estilo de entrevistas envarado y antinatural. Muy correcto, por otra parte, y con un cuidado extremo en las calidades de dicción y de colores de las voces. Se trata de un periodismo, desde hoy, artificial en cuanto al estilo interpretativo pero muy rico de léxico y de trato respetuoso al oyente, aunque al espectador de hoy pueda parecer artificial y distante en comparación con el modelo de radio que se presenta en...


Fuente:

- Cine, arte y artilugios en el panorama español / editor Rafael Utrera Macías
 “Cine y radio“ por Virginia Guarinos



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