miércoles, 18 de febrero de 2015

MITOLOGÌA - AVE FÈNIX (φοῖνιξ)







Existe en nuestro imaginario –y en el de otras muchas culturas, orientales y occidentales- un ave fabulosa cuyo simbolismo se relaciona con la ascensión a los cielos, el fuego purificador y los ciclos de muerte y resurrección.  En nuestro entorno cultural se la conoce  como el Ave Fénix, aunque podríamos identificarla –también- con el Bennu egipcio o el Tan Miao de los taoístas.

En todos los casos la representación es similar: una poderosa y fantástica ave con el aspecto de la reina de los cielos -el águila- aunque dotada de un plumaje del color del fuego con destellos celestes, púrpuras y oro.  Más allá de las diferencias que encontramos entre las más variadas versiones del mito, todas éstas coinciden en que, cuando se siente morir, el ave Fénix acumula plantas aromáticas, incienso y cardamomo, y fabrica una especie de nido funerario.  En él reposa y se deja consumir por su propio fuego interior, quedando reducido a cenizas…  Y renaciendo de ellas.

El mito del Ave Fenix es retomado por literatos de todos los tiempos, entre ellos Dante y Quevedo. Como se trata de una historia ampliamente difundida, aparece con diferentes versiones en tradiciones distantes en el espacio geográfico. En China, que toma el nombre de Feng representa a la emperatriz y junto al dragón, simboliza la confraternidad inseparable. Y el Simurg representa una idea equivalente.

También en la India, aparece una versión local de mito del Fenix: se trata de una ave que al alcanzar 500 años de vida se inmola en vísperas de la primavera en un altar que ha sido especialmente preparado para tal fin por un sacerdote. Pero es la misma ave la que enciende el fuego. Al día siguiente, entre las cenizas, una larva aparece que luego se transforma en un pequeño pájaro. En la tercera jornada, otra vez puede reconocerse al Fenix que regresa a su lugar de origen. En la mitologia egipcia tomaba el nombre de Benú.

Forma parte del simbolismo de la alquimia, por el renacimiento a través del fuego. En efecto, ésta ave mitológica, en la leyenda medieval del fenix, vive en Arabia, pero vuela a Egipto el hogar de la alquimia, para sufrir su muerte ritual y regeneración. En esta versión, se trata de un ave púrpura o roja que al envejecer construye una pira de madera y especias para arrojarse en su interior. Los rayos del sol encienden el fuego y el pájaro aviva la llama utilizando sus alas hasta consumirse en su totalidad. Luego, un nuevo Fenix nace de las cenizas dejadas por el fuego.

En la mitologia grecorromana, Hesíodo afirmará que el Fenix vivía nueve veces más que un cuervo. Ovidio la rescatará en su Metamorfosis. En México, el Fenix aparece siempre en compañía del gran dios Quetzalcoatl y para los primeros cristianos, simbolizaba a Cristo, siendo alegoría de su muerte y resurrección. Y hasta Plinio la incluirá en su Historia Natural, describiéndola como una águila grande que posee un collar dorado al rededor de su cuello, cuerpo color púrpura y cola azul con algunas plumas rosadas a la cual nadie jamás vio alimentarse. Estimó su longevidad en unos quinientos cuarenta años y explicó su regeneración se debía a que de los huesos y la médula del Fenix muerto nacen una suerte de gusanos. Por su parte, Isidoro de Sevilla la describirá como un ave muy longeva (quinientos años) que cuando advierte su envejecimiento construye una pira para inmolarse y luego renacer de sus propias cenizas.

La inextricable unión entre la mitología y la filosofía (mithos y logos), la cual no sólo hace que ésta segunda devenga de una racionalización de la primera, sino que la primera pueda ser considerada como una poetización de la segunda, puede ser analizada en el estudio de diversos mitos, tanto antiguos como actuales.

Bien es cierto que el mito del Ave Fénix centra su significado en la inmortalidad, más bien en el re-nacimiento acontecido tras la propia muerte, lo que en gran medida diluye es esquema cristiano fundamentado en la existencia de un principio y un fin (alfa y omega). Así, el Ave Fénix, una vez llegada a su madurez y desarrolladas todas sus potencialidades, se inmola en una pira funeraria, al tiempo que reproduce su más bello canto, que ella misma construye; una vez reducido todo a cenizas, un gusano, que aparece entre la mimas, dará lugar con el tiempo a un nuevo Fénix que repetirá su proceso de desarrollo.


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